viernes, 27 de mayo de 2016

EL HÉROE DE SANTA ENGRACIA











Don Antonio de Cuadros y Alonso, hijo del 8º Señor de Villanueva de Figueroa y 5º sobrino-nieto del obispo sabioteño don Fernando Suárez de Figueroa de los Cobos, nació en la ciudad de Baeza, donde fue bautizado en la parroquia de San Pablo el 17 de septiembre de 1760.

Iglesia San Pablo de Baeza





Siendo brigadier ejercía el cargo de gobernador político de Teruel y su partido al tiempo que España fue invadida por los franceses de Napoleón Bonaparte.


Monasterio de Santa Engracia (Zaragoza)




Abandonó dicho cargo a fin de ponerse a las órdenes del monasterio de Santa Engracia (Zaragoza), en donde, según consta en el opúsculo “Brigadier Cuadros” que obra en la Biblioteca Nacional, moriría allí gloriosamente el 4 de agosto de 1808 al tratar de cubrir con un saco de arena la brecha abierta en las defensas por el intenso fuego enemigo.



Interior Iglesia de San Pablo (Baeza)



En la parroquia de San Pablo de Baeza, Libro de Sepelios número 11, folio 99, vemos un documento que dice:


En la ciudad de Baeza a veintinueve días del mes de agosto de mil ochocientos ocho años, en esta iglesia parroquial de San Pablo se cumplió un oficio cabo de este año que llaman mayor, por el alma de don Antonio María Cuadros, gobernador de Teruel, que murió en Zaragoza en el combate con los franceses. Y para que conste lo firmo como colector de testamentos” – Maestro Antonio María Gallego

La Ilustración Española Americana de 1872, nos relata aquel acontecimiento histórico:






Allí estaba el coronel Qüadros, su noble ardimiento le había llevado voluntariamente a los muros de Zaragoza. Gobernador de una provincia que no agitaba por aquellos días el genio terrible de la guerra, aquel español insigne ardia en nobles deseos de consagrar su espada a la defensa de la justicia. Ningún deber imperioso le obligaba a apartarse del seno de su familia “Podía permanecer en Teruel a cubierto de toda nota; podía cumplir como militar honrado y pundoroso consagrándose al desempeño del importante cargo que le estaba confiado.

Pero no discurren asi las almas levantadas y valerosas. En trances en que peligra el honor de la patria, la nostalgia de la gloria atormenta los pechos varoniles. Qüadros se arranca de los brazos de su esposa y de sus hijos; reúne cien soldados que guarnecen la ciudad, y trescientos voluntarios que acuden presos a su voz, y corre a Zaragoza con aquel puñado de valientes.


Palafox




Allí le había confiado Palafox el puesto de honor, dejando a su patriotismo la defensa del monasterio de Santa Engracia, punto donde los franceses concentraban su mayor energía. Allí conquistó imperecedera gloria el Coronel Qüadros. 








Veintiseis piezas de cañon maniobraban incesantemente contra aquel refugio de la independencia española que sostenía un puñado de valientes, y por cuya defensa había velado, privándose del sueño y del sustento el ilustre jefe elegido por Palafox. Pero la hora terrible había sonado para aquel héroe, no para Zaragoza, sobre cuyas ruinas debían alzarse todavía impávidos sus fuertes defensores. La batería de Santa Engracia había lanzado el último rugido, sepultándose entre los escombros que envolvían a casi todos sus campeones, y el valiente Qüadros no veía más que cadáveres en torno suyo.

Pero los manes de Daoiz, Ruiz y Velarde se levantaban ante el impávido guerrero, y un héroe no necesita para morir más compañía que la sombra de los que le procedieron en el camino de la gloria.

Una ancha brecha franqueaba el paso del monasterio. El enemigo, embriagado con la sangre derramada en el interminable asalto a aquella nueva Troya. Cada paso sembraba en las filas francesas el exterminio, y cada esfuerzo gigantesco solo servía para conquistar cadáveres y ruinas.

Quadros alienta todavía en medio del exterminio de los suyos. Impertérrito entre los cadáveres de sus soldados, aún desafía el ímpetu de los sitiadores, aún quiere disputarles el ancho paso barrido por la metralla del sitiador. Pero ha llegado para él la hora de la inmortalidad: “El plomo enemigo hiere su altiva frente en el momento en que sus brazos infatigables arrastran hacia la brecha un saco de arena.

En el mes de Agosto, a cuatro días del mencionado 1808, año que las páginas de nuestra historia nacional conservaran escrito en caracteres de oro, los franceses extremaron el bombardeo de Zaragoza.

Cuadros cedió a Lazán parte de las escasas fuerzas con que contaba para la defensa de Santa Engracia, a fin de que atendiese a la de otros puntos activamente atacados, y los zaragozanos, en este día, abandonaban el amparo de us cañones, y se lanzaban a campo abierto a combatir, cuerpo a cuerpo, esgrimiendo la espada y la bayoneta.

En medio de aquella sangrienta refriega, en que a cada segundo caían cien muertos o heridos, vitoreando al rey y a la patria, el brigadier baezano Cuadros, despues de haber rescatado, por medio del valiente Ruiz, un cañon de que se habia apoderado el enegimo, y de haber hecho supremos esfuerzos y prodigios de valor, quedó al fin solo, cercado de los cadáveres de sus bravos soldados y al descubierto de los fuegos contrarios. 

Estonces, considerando que los brios de su corazón eran bastantes a suplir los de su ya hyertos compañeros, al tratar de rehabilitar una batería desmontada, recibió una descarga que lo tendió espirante sobre un saco de arena que conducía.

Por Real decreto de 16 de Noviembre , don Amadeo de Saboya en consideración a los servicios prestados al país por el brigadier don Antonio María Qüadros y Alonso, héroe de la guerra de la Independencia, orgullo de la nación española, muerto gloriosamente el 4 de agosto de 1808 en la puerta de Santa Engracia, le ha hecho merced del título de Reino con la denominación de conde de Santa Engracia, con grandeza de España de primera clase, a favor de su hija doña Maria del Carmen Qüadros y Romero, para sí, sus hijos y sucesores legítimos.



Claustro Convento de Santa Engracia


Glorioso debieron ser los actos llevados a cabo por nuestro baezano en el asedio de Zaragoza, cuando quedó plasmado una distinguida poesía contemporánea que dice:


" A cada hora que en el sitio pasa
hay que admirar otra gentil proeza,
cada hombre es alli un héroe, cada casa
un Castillo de insigne fortaleza,
si un edificio el enemigo arrasa,
allí mismo se eleva con presteza
en sus ruinas una alta barricada
que la de impedir al sitiador la entrada.."

"Si el enemigo con menguado intento
los cauces rompe y la llanura anega, 
barrena de los puentes el cimiento
y vierte el algua por la fertíl vega;
si derruye edificios, y violento
á practicar el mal loco se entrega,
el pueblo á su crueldad no tiene miedo
y persiste en la lucha con denuedo..."

"Si al ver cerrarse el cerco, aislados quedan
y vívieres preciosos escasean
llenos de abnegación, por no puedan
los valientes soldados que pelean
el disgusto tener de que les vendan
el preciso alimento que desean,
para que por igual dése el sustento
los víveres se juntan al momento..."

"En fin, si el enemigo audaz intenta
sorprender algún punto vulnerable
y con sagaz sigilo se presenta
con una astucia vil e imperdonable
de su excursión nocturna no se ausenta
sin dejar una huella memorable,
porque al soldado que el honor desvela
no puede sorprenderse por cautela"






Fuentes:

La ilustración española y americana: revista de bellas artes y actualidades
issuu.com

Noticias y documentos para la Historia de Baeza. Autor Fernando de Cózar


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