sábado, 7 de mayo de 2016

BASILIA CORNAGO ZAPATER O SOR MONICA DE JESUS





Sor Mónica de Jesús es una sierva de Dios cuyo proceso de beatificación está en marcha y esperamos verla pronto en los altares. 

Su vida ha sido una maravillosa obra de arte de Dios. Dios se ha glorificado en ella dándole dones y carismas extraordinarios. Jesús era el centro de su vida y se le aparecía frecuentemente.

Bien proporcionada, más bien alta, de color agradable, morena y algo sonrosada. Ojos grandes y negros, de mirada profunda y dulce. Voz agradable. Su andar, muy natural aunque algo vivo. Gran personalidad. De temperamento alegre, simpático, muy equilibrado. Era sencilla, prudente, caritativa y obediente. Siempre se preocupaba de alegrar la vida de los demás. Su manera de ser inspiraba algo especial, sobre todo con la mirada, como si estuviera siempre en la presencia de Dios, aunque atendía muy bien y con toda servicialidad a cuantos acudían a ella.




El 8 de diciembre de 1979 –quince años después de su muerte– se abrió la Causa de Beatificación en la Catedral de Baeza. Desde aquel momento la intercesión de Sor Mónica empezó a hacerse notar con más poder. Y a ella acuden los fieles con gran confianza.

Justo a los 28 años de su muerte, el 14 de junio de 1992, el Papa Juan Pablo II decretó la Declaración de Virtudes de esta religiosa ejemplar.

 
FAMILIA. Sentados de izquierda a derecha: Tío Dionisio, Eusebio (padre), María (madre) y Valentina. Niños de la primera fila: Roque, María Jesús y Javier (hijos de Roque y Valentina). Antoñita, hija del tío Dionisio, en brazos de su madre Martina. Tío Francisco, tía Victoria (sor Sacramento) y Roque. El Hno, Benjamín es el pequeño de los hijos de Roque y Valentina.




Sor Mónica de Jesús se llamaba Basilia Cornago Zapater. Nació en la villa de Monteagudo (Navarra) el 17 de mayo de 1889. Sus padres eran muy buenos cristianos y tuvieron diez hijos; tres de los cuales, consagrados a Dios: sor Mónica, sor Sacramento, religiosa en su mismo convento, y el padre Tomás. Todos de la misma Orden de agustinos recoletos.


Monteagudo



Fue bautizada el mismo día de su nacimiento (17-5-1889) en la iglesia parroquial Santa María Magdalena por el padre Timoteo Hernández. El sacramento de la confirmación lo recibió antes de cumplir un año de vida (25-04-1890) en la misma iglesia parroquial, por el obispo de Tarazona Juan de Soldevilla.

Iglesia Santa Maria Magdalena de Monteagudo





Su madre contaba que, cuando tenía tres o cuatro años de edad, se puso delante de un caballo desbocado, que se detuvo en seco. Cuando su madre le riñó, ella le dijo que el jinete iba a morir y estaba en pecado mortal. Ella quiso evitarlo y se metió prácticamente bajo las patas del caballo, que sólo le hizo una pequeñísima cicatriz en el rostro, que no la afeó en absoluto.

Cuando tenía cinco años de edad le dieron en una casa un poco de queso para merendar y, cuando se enteró de que era robado, le sentó mal y fue a pedir perdón al sacerdote del pueblo y a sus padres por haber cometido, según ella, un gran pecado.



Ya desde muy niña tenía inclinación a la vida religiosa. A veces, siendo ya jovencita, se pasaba toda la noche en la iglesia y su madre tenía que ir a recogerla en la madrugada. En alguna oportunidad, se equivocó de hora y fue a la iglesia a las tres de la mañana, queriendo llegar la primera al templo para estar con Jesús.




Hizo su primera comunión el 16 de mayo de 1901, a los doce años. Ese fue un gran día para ella. Dice su director espiritual: El día de su primera comunión vio al niño Jesús en la hostia en el copón. Su ángel (a quien llamará siempre el hermano mayor) la acompañó todo el día hasta la comida de la casa. Era muy pequeño, pero de esto nada dijo ella, porque creía que todos lo veían.

Ella misma en una carta le decía a su director el padre Eugenio Cantera: La primera vez que recuerdo haber visto al ángel fue el día de mi primera comunión. Pasamos a comulgar con las velas encendidas en las manos y yo casi me enciendo el manto blanco que llevaba, pues no me fijaba en nada y, entonces, fue cuando vino el ángel y me retiró la vela y la tuvo todo el tiempo que había que tenerla encendida. Lo mismo hizo en la procesión con la vela que, por cierto, recuerdo que en la procesión a una niña se le incendió el manto y se quemó parte de la cabeza







Entró al convento de las agustinas recoletas de Baeza (Jaén) el 14 de agosto de 1908 a los 19 años de edad. Ese mismo día al entrar, vio por primera vez al demonio en figura de un hombre grande entre las dos puertas del convento.

Nada le dijo, pero lo sintió. Parecía que todo el convento se le venía encima por el disgusto que le daba al diablo . Desde el mismo día de su entrada, el demonio empezó a hacerle la guerra en toda la línea. Su hermana sor Sacramento dice: El Señor permitió que, a los pocos días de llegar al convento, sor Mónica se llenase de miseria. Con este motivo, alguna religiosa, al verla así, le decía: “¿Es que en tu casa no hay más que miseria?”. Y ella contestaba con toda sencillez: “No, en la casa de mis padres todo era muy limpio”. Al ver esto, la Madre Dolores muy comprensiva y delicada, procuraba que sor Mónica se bañase y asease todos los días a fondo. Y, a pesar de todo, cuanto más se limpiaba parece que le salía más miseria. Por ello, algunas religiosas pensaron hasta en echarla del convento . La Madre Dolores, la Superiora, dice: Ella me confesó que no había tenido nunca tal cosa, pero que el demonio lo que pretendía era hacerla odiosa y echarla del convento, ya que no podía quitarle la vida.

Desde el principio, ella quiso ser hermana lega (hermana de obediencia o de velo blanco) y no hermana de coro, para poder así dedicarse a las labores más humildes del convento. Por eso, casi toda la vida, además de atender, a veces, en la cocina, se dedicó sobre todo al cuidado de los animales de la granja. En una época tenían hasta 3.000 gallinas y muchos conejos, abejas, cerdos... Por espíritu de pobreza procuraba ahorrar hasta los hilos que sobraban, daba vuelta a los sobres de correo usados, arreglaba los zapatos de las hermanas y era curiosa para arreglar cualquier clase de utensilios.




Hizo su profesión temporal el 6 de enero de 1910, escogiendo el nombre de sor Basilia de santa Mónica; pero, como había otra religiosa que se llamaba sor Basilia, empezaron a llamarla sor Mónica de Jesús. Ya desde el principio empezaron a manifestarse en su vida éxtasis y otras cosas extrañas. La Superiora la envió al convento de Martos (Jaén)  donde hizo la profesión perpetua, aunque no se sabe la fecha, pues en la guerra civil se quemaron los libros.

De Martos, en 1914, volvió a su monasterio de Baeza, del que no salió, sino durante el periodo de la guerra civil, alojada en algunas casas de familias baezanas, y entre los meses de abril a julio de 1939, en que estuvo con su familia en Monteagudo, en el convento de La Encarnación, de Madrid y en Serradilla (Cáceres), regresando definitivamente a Baeza el 19 de julio de 1939, para permanecer aquí hasta su fallecimiento.


Convento de la Encarnación (Madrid)



Con frecuencia se le aparecían las almas del purgatorio para agradecerle las oraciones que había hecho por ellas.

Unos de los fenómenos más extraordinarios de la vida de sor Mónica es el don de bilocación. Era llevada por su ángel a distintos lugares. El padre Cantera dice en sus notas: La noche del 28 al 29 de junio de 1932 se convirtieron 29 pecadores, 10 de ellos eran españoles. A uno le leyeron ella y el ángel la recomendación del alma a las cuatro de la mañana. Hacía 27 años que no se confesaba. Esta recomendación del alma la hacen los dos con el devocionario escogido que le regaló Mercedes Burillo. A Ramón, el primo de esta Mercedes, se la leyeron por espacio de un mes todos los días.




En otra oportunidad, parece que el ángel la llevó al lugar del martirio de 31 personas en la guerra civil. Dice Adriana Rubio: Mi hermano Baldomero murió con otras 30 personas que murieron ejecutadas en la carretera a Ibros. De los 31, once eran sacerdotes. Recuerdo que uno de ellos era Don Francisco Martínez, canónigo penitenciario de la catedral de Baeza. Algunos testigos pudieron presenciar que Don Francisco Martínez dirigió unas palabras a sus compañeros de martirio con el fin de prepararse todos a bien morir. Sus palabras fueron tan inspiradas por Dios que los rojos quisieron perdonarle la vida, pero él no aceptó el privilegio y prefirió seguir con sus compañeros de martirio. De estos martirizados, sor Mónica nos informó que todos se habían salvado y que, estando sus cuerpos aún calientes, ya estaban todos en la presencia del Señor. Tuvimos la impresión de que sor Mónica había presenciado el martirio.


Sepulcro-Convento de la Magdalena de Baeza




Durante los días de Semana Santa, desde el Jueves Santo hasta el sábado de gloria vivía en continuo éxtasis. Muchas veces era su propio ángel el que actuaba en su lugar y bajo su figura para que nadie se diera cuenta de nada.
Su principal preocupación era la salvación de los pecadores y con mucha frecuencia, cuando Jesús le manifestaba que había algunos pecadores que le ofendían mucho y estaban en peligro de eterna condenación, ella se ofrecía a sufrir por ellos todo lo que fuera necesario. A veces enviaba al propio ángel a que fuera junto a ellos para convertirlos.

Cristo de la Caída (Convento de la Magdalena de Baeza) al cual le tenía gran devoción





Algo muy importante en la vida de sor Mónica fue la formación, por inspiración de Jesús, de un grupo de almas víctimas. Ella le dice a su director que Jesús deseaba tener almas que lo acompañasen en los dolores internos de su Corazón
El primer grupo fueron siete, llamadas víctimas mayores para distinguirlas de las que vinieron después, que se llamarían víctimas pequeñas, con un compromiso menor. El padre Cantera escribió el reglamento por el que debían regirse y él mismo redactó la fórmula de consagración. Firmaba con su sangre para ser así el padrino de cada una de las víctimas, que también debían firmar con su sangre para sellar el compromiso con Jesucristo. Jesús mismo bendijo las insignias preparadas para las víctimas

Las siete víctimas mayores fueron sor Mónica, el padre Eugenio Cantera, su madre María Zapater (la madre carnal de sor Mónica, que vivía en Monteagudo), Jenara Anguita (seglar), Madre Dolores Martínez, sor Ángeles Torres y sor María de la Cruz. Cuando moría una de estas víctimas, sor Mónica, de acuerdo con Jesús, escogía otra. A la muerte de sor Mónica, el grupo fue desapareciendo según iban muriendo, pero su espíritu de consagración como víctimas al Corazón de Jesús sigue vivo entre muchas religiosas y seglares que la conocieron o que siguen sus huellas. La fecha de inicio de la Asociación fue el 30 de marzo de 1917, día en que hicieron su compromiso de víctimas con Jesús. Por este motivo, todos los 30 de mes, estas víctimas lo celebraban de modo especial.

Después de haber visto tantas manifestaciones maravillosas y sobrenaturales del ángel de sor Mónica, podemos decir con alegría que la devoción al ángel de la guarda no es un invento para hacer dormir a los niños ni es un cuento del siglo XIV para convertir a los incautos. La existencia del ángel custodio es una hermosa realidad. Y Dios ha querido que cada uno de nosotros tenga un ángel que nos cuide de parte de Dios. Y, si no creemos en su existencia y no lo invocamos, nos perderemos muchas bendiciones que Dios quiere darnos a través de él.

Pensemos, en los ángeles de nuestros familiares con quienes vivimos. Pensemos en los ángeles de las personas que nos rodean y con quienes nos comunicamos cada día. Saludémoslos con cariño y recibiremos infinidad de bendiciones, muchas más de las que podemos pensar o imaginar.



Imagen en bronce de sor Mónica, promovida por la Asociación y costeada por suscripción popular, obra de don Antonio Pérez, se eleva sobre una base de piedra blanca.












Fuente:

LA VENERABLE SOR MÓNICA DE JESÚS Y SU ÁNGEL CUSTODIO Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto

Wikipedia





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