jueves, 9 de junio de 2016

MIGUEL RODRIGUEZ, (QUIZAS) EL ULTIMO HIDALGO BAEZANO








Baeza, como ciudad fronteriza, fue tierra de hidalgos desde su conquista.  En el Alcázar de Baeza figuraban los escudos y nombres de los trescientos hidalgos que por mandato del Rey Fernando fueron colocados en memoria por su contribución a la reconquista de esta bella ciudad.

Muchos de estos ilustres hidalgos la poblaron. Eran gente guerrera, organizados en torno a cofradías, como la de los Doscientos Ballesteros del Señor Santiago, famosa por sus proezas.

Con el tiempo, terminaron las guerras contra los moros y los valores de la hidalguía fueron desapareciendo. No así sucedió con los intereses, privilegios y prestigio social que tal nobleza tenía. Pero como todo, el tiempo también cambió la situación de muchos estos ilustres hidalgos y muchos empobrecieron, otros buscaron mejor fortuna en la explotación de la tierra, en la emigración hacia América,  en el ingreso de órdenes religiosas o en el servicio de armas.

Lamentablemente Baeza vino también a menos, a la par que lo hacía el Reino de Jáen, pero el espíritu de hidalguía permaneció en la ciudad y era manifiesto en la vida cotidiana y en hechos ostentosos, como la creación de la Real Sociedad de Verdaderos Patricios de Baeza y Reino de Jaén en 1774.

Uno de estos ilustres hidalgos, quizás el último, fue MIGUEL RODRIGUEZA (Archivo Diputación Provincial de Jaén Legajo 2759/45), Capitán del Regimiento de Dragones, retirado con el grado de teniente coronel.

Dragones de Villaviciosa 1815



D. Miguel Rodríguez nación en Baeza en 1754 y había servido en el regimiento de Dragones de Villaviciosa, con el que había batido en numerosísimos combates. Su vida militar fue realmente intensa.

No perdió ninguna de las guerras de la época.


Carlos III


El inicio de su carrera militar se inicia durante el reinado de Carlos III en el que se dedicaron grandes energías en rehacer el poder militar español.

LÁMINA vista de gibraltar durante el asedio 1780 
Sitio de Gibraltar 1781. Baterías flotantes


Aprovechando la Guerra de Independencia de los EEUU, España y Francia se unieron para acosar a Inglaterra tanto en las colonias como en Europa. Miguel Rodríguez fue enviado a Gibraltar y bloqueó esta plaza desde el tres de agosto de 1782 hasta que se hizo la paz al año siguiente, sin poder conquistarla.

Carlos IV


A la muerte de Carlos III, le sucedió en el reino su hijo, Carlos IV, ocupando el trono a finales de 1788.




Tras estallar la revolución francesa en 1789, puso al ejército español de nuevo en alerta. La ejecución del rey francés Luis XVI fue el detonante para la intervención de las potencias extranjeras en territorio francés, entre ellas España, la cual estaba regida por aquellos tiempos por Godoy. Nuestro hidalgo, a las órdenes del general Ricardos, fue enrolado en el ejército del Rosellón, en el que permaneció desde el 15 de mayo al 1 de octubre de 1793, periodo en el que las tropas españolas alcanzaron algunas victorias.



En 1801, Miguel Rodríguez servía de sargento de Granaderos y ya se encontraba embarcado en otra guerra “la de las naranjas”, esta vez contra Portugal.  Allí participó en la toma de Olivencia y sitio de Campo-Mayor.

Con independencia de las guerras en las que participó, Miguel Rodríguez también participaba periódicamente en la persecución de cuadrilla de bandidos, contrabandistas y malhechores.

Godoy



En 1805 Godoy firmó una alianza con Napoleón, y como consecuencia formó parte de las tropas españolas que participaron en la política militar expansionista del emperador.

Junto a los soldados españoles, partió de Etruria y, atravesando los reinos de Italia, Baviera, Sajonia, Prusia y norte de Alemania, pasó a la Pomerania Sueca, donde se incorporó en el ejército de Observación, al mando del mariscal del imperio francés Brunné. Asistió al sitio de la Plaza de Stralsund, ciudad al noreste de Alemania y participó en diferentes acciones de armas, particularmente el día 6 de agosto de 1807.




De allí, pasó a Dinamarca y también participó en su invasión (1808), permaneciendo después para la defensa de sus costas.

Mientras tanto, en España tenían lugar diversos acontecimientos que desembocarían en el levantamiento de mayo de 1808: los sucesos de Aranjuez, la destitución de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la intervención de Napoleón contra la cesión de la corona de su hermano José Bonaparte.


Estos hechos propiciaron que el ejército español se sublevara contra los franceses y Miguel Rodríguez tomó las armas y bajo la bandera de la “libertad y la independencia de su patria” proclamó como rey a Fernando VII, iniciando una “gloriosa retirada” desde Dinamarca hacia España.

Rodeado de franceses y sus aliados, atravesó las islas de Fionia y Fasinge, llegando el 11 de octubre de 1808 al puerto de Santander.




Por esta acción, por su valor, lealtad y patriotismo, la Suprema Junta Central en nombre del rey Fernando VII le concedió un escudo de distinción en el pecho, que llevaba una estrella polar y el lema “Mi patria es mi Norte”.

Con su regimiento y sin caballo, Miguel Rodríguez atravesó toda la Península hasta unirse al ejército de Extremadura, con el que permaneció desde el 30 de marzo de 1809 hasta fin de enero. El 26 de julio asistió a la acción de Alcabón, el 27 sostuvo la retirada de la vanguardia del ejército inglés y entre el 27 y 28m combatió en la batalla de Talavera.

LA BATALLA DE TALAVERA - 1809



En la batalla de Talavera, Miguel Rodríguez cayó del caballo, perdió la dentadura y recibió heridas en el pecho, que posteriormente le inhabilitarían para el servicio de las armas.

En 1811 tenía 57 años y fue jubilado con el grado de Teniente Coronel. No obstante, desempeñó las funciones de sargento mayor interino en su regimiento desde el mes de febrero de 1811 hasta fin de junio de 1812, en que se vio obligado a dejar el regimiento después de más de 40 años dedicado a la carrera de las armas.

Desde su empleo de soldado en 1770, había ido ascendiendo gradualmente: granadero, cabo, sargento, alférez, teniente, ayudante, capitán… , hasta llegar a teniente coronel en el año 1808.

Tras la ofensiva hispano-inglesa y la retirada de las tropas francesas de España, Miguel Rodríguez volvió a Baeza, su tierra natal.

Pese a los muchos años de servicio y condecoraciones recibidas, intentó buscar su subsistencia en los premios patrióticos que prometía el decreto liberal de 4 de enero de 1813, el cual autorizaba a entregar suertes de tierras de propios municipales, siempre deficitarios; por lo que despachó al esforzado guerrero con táctica burocrática (o sea, enviándolo a otra ventanilla). Su petición, según el artículo 41 del decreto señalado, debía de verse en la Diputación de la Provincia y, desde allí, enviarla a las Cortes.




No sabemos si aquel hidalgo tan ilustre y condecorado, pudo conseguir un retiro digno en su tierra natal de Baeza.






Fuente:  

Crónica de la Cena Jocosa de 2000. Asociación de Amigos de San Antón. Jaén. 2001 (Juan Antonio López Cordero

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