domingo, 25 de septiembre de 2016

Abú-l-Ula al Watiq, "EL DE BAEZA":Último califa almohade de Marruecos y Al-Andalus nacido en Baeza

 
Dirham almohade de AL-WATIQ
Último califa almohade de Marruecos y Al-Andalus nacido en Baeza hacia 1230 y muerto en Wadí Agfú (Marruecos) el 1 de septiembre de 1269. 

Su nombre completo fue Abú Dabbús Idris ibn Abí Abd Allah Muhammad ibn Umar ibn Abd al Mumin. Su prenombre fue Abú-l-Ula y se apellidó Abú Dabbús ('el de la maza') porque usaba la maza de combate como arma. 

Era el menor los nueve hermanos de al-Bayasí (El Baezano),  un rival del califa al-Adil, que en 1224 se proclamó señor de Baeza. Su madre fue una esclava cristiana y de ella heredó rasgos caucásicos. Abú Dabbús hijo del "Baezano" pasó a llamarse "El de Baeza".

(Abd Alláh ben Muhammad al-Bayyasi (اﻟﺑﻴﺎسي) fue un noble almohade natural de Bayyasa (actual Baeza) que se alzó en contra del califa Al-Adil, nombrándose emir de Baeza. En 1224 llegó a controlar gran parte de las actuales provincias de Jaén, de Córdoba y la zona fronteriza del sur de Badajoz y Ciudad Real.)




 
Según Vicente Coscollá Sanz en su libro “La Valencia Musulmana”, Abú Dabbús era extremadamente blanco, pelo rubio y ojos azules.

Durante su juventud luchó en Al-Andalus en las guerras civiles anteriores a la expulsión de los almohades de la Península. 
El Imperio almohade a finales del siglo xii y principios del xiii.
Después pasó a Marruecos y entró al servicio del califa al-Murtad, distinguiéndose en la defensa de la ciudad contra los benimerines de 1262 y 1263. 

Entre 1263 y 1264 Abú-l-Ula participó en una serie de intrigas palaciegas y fue obligado a huir de la capital, acusado de mantener correspondencia secreta con el emir benimerín Abú Yusuf Yaqub. 

A finales de 1264 Abú Dabbús ofreció sus servicios a Abú Yusuf Yaqub para luchar contra los almohades y éste le proporcionó credenciales entre los señores del Atlas, entre los que Abú Dabbús estuvo buscando adeptos durante todo el invierno de 1065. Además de importantes apoyos en la capital ganó la alianza de los árabes Sufyan, los Banu Yabir y un gran número de mercenarios cristianos. 

En octubre de 1266 marcharon hacia la capital y la tomaron fácilmente, ya que la guarnición de Marruecos se encontraba recaudando los impuestos de Haha y Ragraga. Al-Murtad huyó de la ciudad en octubre y fue capturado y decapitado en noviembre. Abú Dabbús fue proclamado en Marruecos el 23 de octubre de 1266 y tomó los títulos de al-Watiq ('el que confía en Dios') y al-Mutamid Alayhí ('el que confía en Él'). 

Nombró visir a Abú Zayd Abd al-Rahmán y mantuvo a los secretarios de los califas anteriores. Desde el comienzo trató de ganar popularidad y para ello suprimió los nuevos impuestos, manteniendo vigentes únicamente las cargas antiguas; eliminó las tasas sobre las mercancías y trató de mantener las soldadas mediante expedientes y multas a los funcionarios de la Hacienda. 

No obstante no cumplió el califa el anterior pacto con los benimerines, lo que provocó ataques a Marruecos a principios de 1267. También perdió Abú Dabbús la amistad con el jeque de Haskura, Masud ibn Yaldasan, que había sido uno de sus principales valedores. 

En mayo de 1267 inició el califa una expedición contra Haskura, aunque las negociaciones previas al ataque lograron evitar el enfrentamiento. Mientras que el califa se encontraba fuera de la capital, Abd al-Aziz, un hijo del califa Abú-l-Hassan Alí I, inició una conjura para hacerse con el poder y fue secundado por importantes nobles de la ciudad, pero Abú Dabbús supo de ella y en secreto mandó asesinar a Abd al-Aziz. 

En primavera de 1267 inició Abú Dabbús la campaña para derrotar a Ibn Yiddar, que se había declarado independiente en el valle del Sus reinando al-Murtad. Durante unas semanas el califa fue recibiendo la adhesión de importantes señores almohades y a principios de julio tomaron la ciudad de Tizgat; el 21 del mismo mes comenzó el asedio de la fortaleza de Tinwanwin y a finales de agosto se logró su capitulación; Abú Dabbús entró victorioso en Marruecos el 9 de octubre de 1267. 

Por aquellas fechas comenzó un ataque benimerín por la región de Dukkala. Las tropas califales lograron expulsar de Dukkala a los invasores, pero fueron derrotadas por Abú Yusuf Yaqub en febrero del año siguiente. 

En abril los benimerines razziaron la región cercana a la capital y en invierno regresaron a Fez, pero la primavera siguiente reanudaron los ataques. Los jeques almohades convencieron al califa para que saliese a repeler a los agresores, alegando que el grueso de las tropas benimerines se encontraban protegiendo Taza. 

Abú Dabbús persiguió al destacamento enemigo hasta Wadí Agfú, donde el ejército benimerín cayó sobre las tropas almohades derrotándolas. El califa intentó huir, pero fue muerto en plena batalla, marcando el final de la dinastía almohade. 

Su cabeza fue enviada a Fez y Marruecos pasó a dominio benimerín. Aunque su hijo Abd al-Wahid logró huir y se hizo proclamar califa en Tinmel, tomando el título de al-Mutasim billah, abdicó a los cinco días de su proclamación y huyó a Al-Andalus 



Fuente:


 www.mcnbiografias.com
 www.numismaticamedieval.com

sábado, 24 de septiembre de 2016

SAN VICENTE FERRER Y SU ENTRADA EN BAEZA







Vicente Ferrer nació el 23 de enero de 1350 en el seno de una familia acomodada de la ciudad de Valencia.

El 29 de junio de 1455 tras votarlo en el consejo de cardenales, Calixto III anunció la canonización de Vicente Ferrer.



Santos y Santuarios del Obispado de Jaén y Baeza, en su página 195 nos relata la entrada de este Santo a la ciudad de Baeza:

“ Entró por la puerta de Bedmar, oy llaman del Postigo, junto a San Benito“

Como era tradición en aquella época, salieron a recibirle  los Cabildos Eclesiastico y Secular, con demás gente de la ciudad, llevando a cabo una oración en una casa que estaba situada junto a la Iglesia de San Pedro, la del Canónigo don Francisco de Robles (Plaza de los Cerones).

Una vez terminada la oración, se le informó de los problemas que por entonces acaecía la ciudad: alborotos, amencebamientos (especialmente entre los jóvenes) o juramentos a las doncellas, en las que se comprometían a no volver a verlas si no volvían de la batalla sin traer “un moro en aguinaldo”.







Así lo dice un romance de la época.

Para apaciguar las preocupaciones que les habían participado, el Santo ofició una misa en la Iglesia Catedral donde asistió tal cantidad de gente, que no cabía nadie más en su auditorio, pues hasta allí también se habían desplazado otros pobladores cercanos a Baeza. “El púlpito donde predicó los primeros sermones, aunque de obra antigua, y materia ordinaria, conferua oy la fanta Iglesia, como prenda de ineftimable valor”.

También predicó en el Egido o en la Iglesia de San Juan.  Éste comenzaba sus sermones como lo hacía San Juan Bautista en las riberas del río Jordan: “Penitentian agite, appropinquabit in vos regnum Dei”.

Se nos cuenta además un echo insólito. En el Ejido colocó una cruz que hasta en tres ocasiones fue quitada en plena noche. Cuando lo pillaron con las manos en la masa a quien la retiraba, éste fue obligado a hacer una Cruz de Piedra.

Desde su visita, los lugares que él visitó se consideraron santos y los cristianos baezanos por mucho tiempo los tomaron como lugares santos.
Este es el caso de la Puerta de Bedmar.

Otro de los relatos que une a San Vicente Ferrer con la Ciudad de Baeza son los hechos acontecidos que paso a relatar:

Se nos cuenta que en 1368  Audalla, Arraez del Rey de Granada con 80.000 infantes y 5.000 caballos quisieron tomar Baeza entrando por la Puerta de Bedmar, llegando a tomar su torre. El capitán Ruy Fernández de Fuenmayor , caballero de Baeza acudió con sus soldados a socorrer dicha torre, peleando ferozmente con los moros hasta expulsarlos, no sin antes haber cortado la Cabeza al Capitán Moro Audalla. De esta manera, los moros levantaron el cerco a Baeza y se marcharon.

De este hecho nos queda un Romance de la época:
Cercada tiene a Baeza — ese arráez Andalla Mir,
con ochenta mil peones, — caballeros cinco mil.
Con él va ese traidor, — el traidor de Pero Gil.
Por la puerta de Bedmar — la empieza de combatir;
ponen escalas al muro, — comiénzanle a conquerir;
ganada tiene una torre, — no le pueden resistir,
cuando de la de Calonge — escuderos vi salir.
Ruy Fernández va delante, — aquese caudillo ardil,
arremete con Andalla, — comienza de le ferir,
cortado le ha la cabeza, — los demás dan a fuir.





Esta victoria de Ruy Fernández pensó que debió ocurrir por intercesión de San Vicente, en cuyas oraciones se encomendó para subir a la torre y en reconocimiento a su éxito, eligió su sepulcro en la Capilla mayor de la Iglesia de San Vicente Martir, para cumplir así con la devoción que le tenía.

No hay duda que este romance se compuso en 1368, en que el rey de Granada Mohamed V, aliado con el rey Don Pedro de Castilla contra los partidarios de su hermano Don Enrique, invadió la margen derecha del Guadalquivir, puso cerco a Córdoba y saqueó a Úbeda y Jaén, profanando las iglesias, pegando fuego a ambas ciudades y desmantelando sus muros. 

De Baeza nada dice la Crónica de Ayala, y sí únicamente que los invasores fueron rechazados de Andújar. Pero Argote de Molina no sólo da por histórico el cerco de Baeza, sino que añade sobre él pormenores que concuerdan con los del romance y que proceden de una tradición genealógica. «Pasando adelante el rey de Granada con su ejército puso cerco sobre la ciudad de Baeza, que en este tiempo era lugar de más de mil vecinos, y el alcázar della muy fuerte, y dándoles el asalto por la parte de una torre principal de ella, le fué defendida por Ruy Fernandez de Fuenmayor, caballero principal de aquella ciudad y caudillo de los escuderos della, que al tiempo que los moros tenían puestas las escalas, y uno de los caudillos principales del rey de Granada estaba dentro, acudió a su socorro con los escuderos de la compañía. Y matando por su mano al caudillo de los moros, les defendió la torre con mucha caballería dellos, forzando al rey de Granada a dejar libre a aquella ciudad con grande pérdida de su ejército. En memoria de cuya hazaña, a aquella torre le quedó nombre de Torre de los Escuderos, y el cual hoy conserva llamándose así. Y Ruy Fernández de Fuenmayor, dejando su apellido de Fuenmayor, fué llamado de allí adelante Ruy Fernández de los Escuderos».

Ruy Fernández a secas le llama el romance, que le atribuye la misma hazaña:
Ruy Fernández va delante;—aquese caudillo ardit,
Arremete con Audalla—comiénzale de ferir,
Cortado le ha la cabeza,—los demás dan a fuir.


También se dice que este Santo honró la casa donde se hospedó en su visita a Baeza. Una casa situada en la calle San Vicente. Se nos cuenta que en el año 1560 cayó un rayo en la casa colindante, sin que ninguno de los 4 que allí vivían fueran alcanzados por el rayo, nisiquiera sus caballos.



 Fuentes:

http://www.larramendi.es/menendezpelayo/i18n/corpus/unidad.cmd?idUnidad=100393&idCorpus=1000&posicion=1

https://books.google.es/books?id=IedlAAAAcAAJ&pg=PA146&dq=puerta+de+jaen+de+baeza&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiAhLiCvo_PAhUH1hQKHf-sD8AQ6AEILzAA#v=onepage&q=puerta%20de%20jaen%20&f=false


viernes, 23 de septiembre de 2016

APARICIONES MISTICAS




La Edad Media fue una época prolífica para las apariciones de la Virgen María así como para diversas manifestaciones sobrenaturales. El énfasis estaba puesto en la extensión de la devoción y la construcción de capillas.

En la Edad Media hubo muchas personas que tuvieron múltiples apariciones y como de costumbre sobre todo gente humilde, lo que era más persuasivo para el resto.

“El que haya unos hombres que se aparezcan después de morir es algo que resulta difícil de creer para cristianos nutridos de la Biblia y de los Padres de la Iglesia. Para ellos, y antes de que se asiente la noción de purgatorio, no existen más que dos posibilidades para un difunto: va al infierno o va al paraíso. Enfrentada al culto a los muertos, capital en el paganismo, la iglesia se ve obligada a reaccionar y a imponer sus propias respuestas a las cuestiones referentes a los estados post-mortem. Los dos teólogos que han desempeñado el papel más importante en la historia de los fantasmas y los aparecidos han sido Tertuliano y San Agustín”, plantea Claude Lecouteux en su indispensable “Fantasmas y aparecidos en la Edad Media”.

Algunas de estas apariciones místicas se produjeron en el llamado "Santuario" que estaba situado junto al Alcázar de Baeza.

LA PUERTA DEL LOBO

Una noche oscura del año 1550 se mostraron muchas luces en la puerta del Lobo (parte principal del Santuario). Algunas personas que vieron aquellas luces vieron también cerca de ellas un estandarte, un crucifijo, una cabeza coronada de espinas, rostro dolorido, cuerpo llagado y vertiendo sangre.

Incrédulos y atónitos quedaron aquellas personas que lo presenciaron, pero tras volver en sí, certificaron de nuevo que aquel estandarte estaba suspendido en el aire , que nada lo sostenía y que se hallaba apartado de la torre o sus murallas.

LA TORRE DE MARIANTONIA

Sobre la Puerta de Jaén, se levantaba una gran torre con una plaza de armas y dos reductos para la escolta que hacía guardia en ella. Esta torre era la Torre de Mariantona (Mariantonia).

Se nos relata que en el exterior de esta torre se habían visto muchas luces y en su interior, no solo luces sino "demostraciones" muy notables. 

Una fue la que presenciaron bajando de nuestra Señora del Alcázar, Dña. Eugenia de Ximena y Dña. Juana Moreno. Estas pasaron cerca de esta torre entre las 10 y 11 de la mañana, del día 20 de agosto de 1625. Escucharon un ruido y volvieron sus ojos hacia la torre. Allí vieron como a una distancia de unos 500 pasos en la ventana que mira a las casas de Palacio una matrona de aspecto grave y hermoso, con los ojos fijos en el suelo y con vestidura de viuda. 

Ambas en plan jocoso le dijeron que les dijera como había subido a la torre y que le repartiese sus riquezas, dado que se le veía viuda, a lo que aquella "imagen" no respondió.

No habiendo pasado treinta pasos, encontraron a unos caballeros del Alcázar y le refirieron lo que habían visto en aquella torre.

Estos mandaron traer una escalera y subieron personalmente a la torre para comprobar lo que aquellas baezanas les habían contado, pero no hallaron persona alguna en aquella torre. De echo, aquella torre estaba inabitable desde hacía mucho tiempo.




LA APARICION DE SAN VICTOR

Francisco de Aranda, vecino de Úbeda que en aquel momento se encontraba en Baeza cuando se comenzó a descubrir el Santuario, en el cual trabajó durante 3 meses. Premió Dios esta devoción dándole primero deseos de reliquias y después concediéndole las de San Victor, Obispo de Baeza. 

Al llegar la noche y después de haber trabajado en el Santuario, escuchó pasos y se volvió para ver quien le perseguía. Vió entonces a “una autorizada vestida de pontifical”, el rostro (aunque cano) colorido, barba larga y extendida por su pecho. A pesar de que podría haber sentido temor, lo que sintió fue consuelo interior. 

Tras observarlo durante un cuarto de hora y sin dirigirle palabra alguna aquel rostro, es sorprendido Francisco de Aranda tapó con su mano aquel rostro y dijo: No soy digno de tan gran favor”, creyendo que se trataba de la imagen de San Víctor, Obispo de Baeza.

LA CUEVA Y EL NIÑO


En el año 1634, Sor Maria de Chirifto, monja de Santa Catalina aseguró ver una noche de abril en el mirador del convento, doce formas vestidas de blanco con hachas encendidas en las manos.

Tambien, en el mismo mes y en el mismo año, Dña Catalina Salcedo, en compañía de Doña Melchora de Viedma (su madre), ambas señoras principales de Baeza, fueron a visitar el Santuario casi a media noche del Jueves Santo, saliendo ambas por la puerta del Conde, y volviendo a mano derecha llegó a la primera torre, donde hincada de rodillas hizo oración con el deseo de poder ver luces. 

Según nos cuentan, Dios cumplió su petición, mostrándolas en la cueva que nos dio la Santa Cruz e imagen de nuestra Señora. Vio también dentro de la cueva a un niño en medio de dos luces, con vestido verde. Dña. Catalina dio algunas voces para que los vecinos también pudieran contemplarlo pero su madre se lo impidió, así que no hubo testigos que lo atestiguasen como en otros casos había sucedido.

Pasado unos días, madre e hija volvieron al mismo lugar con Dña. Catalina de Raya y otras personas del Alcázar y tras rezar a media noche, se volvió a aparecer la misma visión. Dña Catalina de Raya pudo contemplar en el fondo de la cueva, una luz blanca en forma de hostia sagrada.

Tres años mas tarde, en 1637 Don Alfonso de la Peñuela, caballero 24 de la Ciudad de Úbeda, estando en Baeza, escuchó de Dña Catalina Salcedo (su mujer) estas demostraciones que decían aparecer del Santuario de Baeza. 

Deseoso de poder contemplar también el este echo milagroso, marchó acompañado de 10 o 12 personas al santuario en plena noche.

También pudieron ver al igual que sucedió antes con su mujer, una cueva con unas luces, pero en esta ocasión con la forma de la vía láctea, y en mayor número. Pero no sólo sucedió esto, sino que pudieron ver como de lo mas sólido de la segunda torre, contando de la puerta del Conde, comenzó a salir poco a poco una mano y un brazo humano, hasta mostrarse del todo.





De estas apariciones tuvo noticias D. Baltasar de Moscoso y Sandoval, y que dichas apariciones se dieron a lo largo de 4 años.

El Obispo escucho a los testigos de habían visto aquellas luces y otra maravilla que habían sucedido en Baeza y quedó tan maravillado que creó una comisión para su investigación y así quedó reflejado:

 “ D. Baltasar de Moscoso y Sandoval. Por cuanto ha venido a nuestra noticia que después de haber hecho por comisión nuestra, informaciones de luces, y de otras cosas, al parecer, maravillosas y sobrenaturales, que han visto en el sitio del Alcazar de esta ciudad de Baeza; y que después de haberse descubierto algunos huesos de cuerpos humanos, hornos y en ellos cenizas, carbones, hierros y cruces, con otras insignias e instrumentos de martirio, con que los fieles se han movido a particular devoción con los Gloriosos Santos Victor, Iufto, Abundio, Alexandro, i Mariano: el Primero Obispo y Martir, y los otros cuatro mártires, según más probable opinión, en esta dicha ciudad, y que todavía se continúan las Luces y apariciones maravillosas, quedando por cavar gran parte del dicho sitio, donde se tiene por sin duda, hay otros hornos, y en ellos otros cuerpos, y para que de las dichas luces, y apariciones maravillosas le haga probanza, y averiguación, y conste en todo tiempo la verdad,y asimismo para que se continúe en la Cava comenzada, y se descubran los cuerpos, cenizas e instrumentos de martirio, que, se entiende, haber en dicho sitio, y para que , lo que fuere parecido, lo guarde en lugar seguro, y decente, hasta que se determine, lo que se hubiere de hacer, conforme a las disposiciones del derecho, del santo Concilio de Trento, Breves i Decreto Apostolicos: y porque así nos lo ha pedido con santo celo, piedad cristiana, la misma Ciudad de Baeza: Por la presente damos comisión, i nuestras veces al Licenciado Pedro de Medina Soriano, N. Vicaro en esta ciudad, i su Arcipreztazgo; para que proceda a la averiguación e informaciones de Todo, lo que hasta ahora hubiere sucedido, y adelante sucediere; y así en cuanto a las luces, y fuegos, como de otras maravillosas apariciones, de cualquier calidad, que sean, y para continuar la cava comezada en dicho sitio. Y los huesos y fábricas de cuerpos humanos, cenizas y otros instrumentos e insignas de martirio, que se hallaren, los pondra, como dicho es, en custodia y guarda, en parte decente, como mas juzgare convenir. Todo lo cual remitimos a su prudencia, in disposición con que para todo lo que se hubiera de hacer en orden a lo contenido en esta nuestra comisión, se acompañe con el Doctor Mateo de Ribas Olalla, Canónigo de Escritura de Nuestra Iglesia de Jaén, residente en esta de Baeza, y con el P.Iubilado F. Manuel Tamayo, Provincial de Granada, y con el P. Francisco Luis de Sandoval, y con el P. Francisco de Bilches de la Compañía de Jesús, y con el Doctor Don Pedro Serrano, Catedrático de Prima de esta Universidad, y prior de la parroquial de San Juan, y asimismo con el doctor Mateo Lopez Remon, prior de la Parroquial de San Andres, y Catedrático de Visperas. Y en caso que no puedan juntarse todos, o la mayor parte, por lo menos, se acompañe con dos de los sobredichos; que para todo le damos comisión bastante, como dicho es, y le cometemos nuestra veces, según que de derecho, y para este efecto, es necesario, con potestad de ligar y absolver."

Dada en Baeza, a 19 de junio de 1637.








Fuente: Santos y Santuario del Obispado de  Jaen y Baeza

martes, 20 de septiembre de 2016

¿OVNIS EN LA BAEZA DEL SIGLO XVII?






Durante la Edad Media se produjeron avistamientos de extraños fenómenos en los cielos porque no tuvieron difusión porque los sucesos se difundían con dificultad por la falta de medios de comunicación pero han quedado las huellas en muchas representaciones artísticas pero camufladas la mayoría de veces como apariciones celestiales o demoníacas.

En la alta Edad Media se registran apariciones en el cielo y vemos como los testigos son en ocasiones conturbados por sus propios vecinos ya que nadie podía imaginar en esa época que podían existir naves voladoras ni que en su interior viajen seres.

En muchos casos esos fenómenos extraños eran catalogados como cosas del demonio y son los religiosos los encargados de exorcizar una realidad manipulada por la presencia de objetos venidos del futuro y de cualquier otro lugar, que tan solo en la actualidad comenzamos a analizar en su significado.


La historia de Baeza, principalmente durante los siglos XVI y XVII, está llena de situaciones propias del programa televisivo de "Cuarto Milenio", donde abundaban apariciones místicas o sobrenaturales, en tal cantidad, que incluso los responsables eclesiásticos de la época llegaron a investigar dichos sucesos.

Sean ciertas o no aquellas apariciones, forman parte también de las leyendas o mitos de la ciudad de Baeza.


He querido narrar algunas de aquellas apariciones que se nos relatan y quedan en la interpretación del lector, si pueden ser creíbles o no, si pueden ser atribuídos a hechos milagrosos, a la aparición de ovnis en los cielos de Baeza, o sencillamente fueron meras "interpretaciones" de quienes presenciaron dichos acontecimientos.








LA PLAZA DEL MERCADO



A las 8 de la tarde del día 14 de febrero de 1629, Don Andres de Navarrete y Gregorio Pérez, naturales de Baeza, pasando por la plaza mayor (Mercado), vieron en el aire tres luces, una mayor que las otras. 

Mirando hacia el cielo pudieron contemplar una Cruz resplandeciente cuyo árbol, como de tres varas de ancho, nacía del Alcázar y se extendía por toda la ciudad.
No dudaron en sacar de sus casas a algunos vecinos de Baeza para que también lo pudieran contemplar y todos cuantos salieron, pudieron contemplarlo por tiempo de media hora.

Después cayeron en la cuenta que aquel día se celebraba el día de San Iufto, Obispo de Baeza y San Abundio, ambos mártires.

Dña. Melchora del Castillo, vecina de Baeza, viviendo en las Peñuelas, Parroquia del Salvador, subió a un terrado de su casa para rezar al Santuario que había en la villa de Baeza y observó también innumerables luces. Según nos cuenta, se movían a compas y como en procesión bien ordenada, semejante a un caso sucedido en Ubeda el Jueves Santo de aquel mismo año.


Al día siguiente por la mañana, volvió a aquel mismo lugar para ver si existía “algo” que hubiera podido provocar esas luces, sin poder hallar nada que lo hubiera producido.




Fuente: Santos y Santuario del Obispado de  Jaen y Baeza

Al Bayyasi el último emir árabe que tuvo Andújar

al-Bayyasi ayudó a Fernando III a tomar algunas localidades giennenses como Montejícar, Pegalajar o Mengibar. Pero antes de abandona...