martes, 27 de septiembre de 2016

PLAZA DEL MERCADO O DE LA LEÑA (3ª PARTE Y ULTIMA)

Las clases privilegiadas poseían varias ventanas del Mercado en propiedad, como los cabildos eclesiásticos de la Catedral y de la Colegial.

Una vez construido el Balcón del Concejo, algunos caballeros pretendieron tener acómodos particulares. Así, el regidor don Fernando de Benavides Manrique poseía un balcón sobre la lonja de entrada a la Iglesia de Sancti Spiritus.

Aquel mismo año, otro regidor don Benito de Torres Manrique solicitó construir un balcón “por no tener casas propias en la plaza del Mercado”, eligiendo para ello la calle de la puerta de Córdoba y dejando “el libre uso para el comercio de dicha calle y plaza de personas, coches y caballerías que por ella pasen y con la decencia y adorno correspondiese”.

Sin embargo, al declarar los alarifes que tal obra cegaría las ventanas de las casas colindantes, se le concedió para ello el “callejón que llaman de los Toros”, ubicado quizás en la zona baja del Mercado.

Algunos vestigios quedan aún de aquella ocupación de balcones volados sobre las calles públicas, sobre la actual cuesta de las Escuelas y el acceso al antiguo solar de la Iglesia del Sancti Spiritus, convertido hoy en cocheras.


Antigua ubiación de la Iglesia del Sancti Spiritus (Hoy son cocheras)




Antigua ubicación del Convento del Espiritu Santo






Así mismo, existió un buen ejemplar adosado al Balcón, sobre la calle de la Cárcel, conocido ahora a través de una de las fotografías del siglo pasado.




En el Mercado no sólo se hicieron corridas de toros después, sino que desde la construcción del Balcón de la Ciudad se convirtió en el centro principal de todas las solemnidades públicas festivas, como las bodas y proclamaciones reales, celebrándose en él juegos variados, máscaras y mojigangas, fuegos de artificio, etc…

Por el contrario, la parte superior del Mercado, tomó un carácter recreativo en línea con la costumbre de formas alamedas y paseos que se habían multiplicado por todas las ciudades españolas desde finales del siglo XVII, como lugar de esparcimiento de las gentes y como actividad productiva secundaria derivada de la corta de álamos.

Alrededor de la fuente del Cañuelo, se creó el llamado “Jardín de las Damas”. Se trataba de un recinto murado “con cercas de bastante tamaño y costa”, en cuyo interior quedaba encerrada la fuente, disponiendo fuera un nuevo pilar que sirviese de abrevadero de las caballerías.

Las obras se hicieron por entera iniciativa del entonces corregidor, don Mateo Crespo Suárez (1724-1727), lo que provocó ciertas discrepancias con el Concejo por considerar que era necesaria la consulta previa a los munícipes, por el aumento de gastos ordinarios en la reparación de la nueva fuente y entender que era inútil aquella obra “ni aún para la diversión, respecto de que en el invierno no se puede tomar el sol por las muchas humedades que tiene, ni en el verano el fresco por ser cañada y estar cerrado”.

Uno de los mayores problemas que tuvieron para la creación de este jardín era el pilar que ya no podía seguir funcionando como abrevadero, lo que se solucionó parcialmente con la colocación de otro fuera del cercado.

Pero dicha solución no fue definitiva, puesto que hacia 1739, el pilar exterior dejó de tener agua, tuvieron que dar nuevamente acceso a las caballerías a la fuente central, dado que la fuente de los Leones era demasiado alto para los de menor tamaño.

Ello conllevó que tener que quitar los peces de colores que allí se habían colocado.

Otro corregidor mas tarde mandó reedificar el Jardín de las Damas, con sus árboles, cercas y fuente, ante la desidia de los capitulares para su conservación.
Mas tarde sufrió otros cambios y hacia 1789, el concejo municipal envió a la Corte un memorial con la declaración de las fiestas que se hicieron en Baeza por la proclamación real de don Carlos IV, en el que se contiene una buena descripción de la fuente del Cañuelo como parte integrante de aquel programa de exaltación monárquica.

Para no ser muy extensivo en su contenido solo haré constar el inicio del mismo: “Divide esta plaza del Mercado de la Leña un jardín que llaman de las Damas, murado de sillería, cuya longitud es de 68 varas y 36 de latitud, con unos robustos álamos a su entrada por el Mercado, una fuente con un elevado saltadero en el centro, que se surte del copioso manantial del Cañuelo, que por cuatro caños grandes de bronce entra en un gran pilar de 26 varas de largo y 8 de ancho, y del que se proveen los tintes, que por la particular calidad de sus aguas fueron famosos en el Reino, y no se dan mejores ni más vivos colores en todo él, habiendo sido por ellos en los siglos pasados tan célebres las fábricas de paños y escarlatas en que floreció esta industria en este pueblo”.

Hacia 1769 se proyectó dotar de otra fuente a la zona, en el mismo centro de la plaza de la Leña, mudando a ella la fuente Nueva del Ejido o del Triunfo, que se había secado años antes, aunque  finalmente no se hizo así. Ya en pleno siglo XX fue cuando finalmente el Excmo. Ayuntamiento de Baeza decidió su traslado al Paseo desde el Ejido pero por razones simplemente estéticas, por lo que existieron muchas discrepancias para su final traslado.


Antigua ubicación de la Fuente del Triunfo en el Ejido. Año 1882




Nueva ubicación en el Paseo de la Constitución. Frente al Balcón del Concejo


El Concejo mimaba especialmente esa parte de la ciudad, y al igual que en otros lugares menos públicos era más flexible a la hora de dar órdenes para rehabilitar viviendas que en muchos casos ni surtían efectos, en esta zona del mercado, llegaban hasta a embargar los bienes del propietario si no las rehabilitaba.

Así tenemos el ejemplo de la casa de José de la Cueva, haciendo esquina entre las plazas del Mercado y de los Leones, en 1732 y 1757, llegándose a embargar la renta de la piedra de un molino de pan; o con las casas linderas de la Alhóndiga, en 1751, propias de Florencio Martínez.

Pocas intervenciones de interés se hicieron a finales del 1700 en la plaza de la Leña, salvo la construcción de una casa para la venta pública de pan, en una casa ubicada al principio de las Barreras (1792) sustituyendo al antiguo puesto de los portales, junto a la Alhondiga.  También cabe destacar la enajenación de los bajos de la torre de los Altares, al realizarse en ellos tres portales o tiendas por iniciativa privada, quedando uno de ellos a disposición del Concejo.




No fue una decisión muy acertada, puesto que afean y tergiversan la extructura original de la torre.

La posterior remodelación de las plazas del Mercado y de la Leña hasta la imagen que presentan en la actualidad, tendrá lugar a mediados del siglo XIX. 

Ello fue posible tras la desaparición progresiva de sus valores celebrativos a lo largo de la centuria: las corridas de toros, como en el resto de las ciudades españolas, las cuales se trasladaron a plazas mayores con cosos taurinos estables. En este caso, las corridas de toros se celebraron con posterioridad en la plaza de toros de “El Bohondillo”.


Ubicación de la Plaza de Toros en el lugar denominado "El Bohondillo". Año 1882


Desde 1813 en adelante, la plaza pública del mercado pasaría a tomar el nombre del monarca reinante (Plaza de Alfonso XII) o de la Constitución, como hoy en día se le conoce.





El Balcón del Concejo se convirtió en Ayuntamiento (desde entonces data el nombre de Casas Consistoriales Bajas) entre 1832 y 1867.

Según Pascual Madoz, en 1843 el antiguo Jardín de las Damas era “un paseíto adornado con álamos blancos y negros, rosales, con dos círculos de bancos de piedra sillería regularmente labrada, una fuente de mármol blanco y negro con varios juegos de la mejor agua y otra de inferior calidad”.

Años mas tarde, entre 1864 y 1868 se renovó todo el ámbito del Paseo “al gusto y adelantos de la época presente”, con el alargamiento de la zona ajardinada y la construcción de la fuente de la Estrella.













Una vez he terminado con esta nueva publicación sobre la Plaza del Mercado, creo que muchos de los lectores observarán con otros ojos esta emblemática plaza de nuestra ciudad y podrán hacerse una idea mas detallada sobre su historia hasta llegar a ser como hoy todos la conocemos.




Fuentes:


Patrimonio Arquitectónico y Urbano en Baeza. Siglos XV al XVIII. Autor José Policarpo Cruz Cabrera





PLAZA DEL MERCADO O DE LA LEÑA (2ª PARTE)



La plaza de la Leña estaba presidida por la torre de los Altares o Aliatares, la más fuerte de la ciudad; este edificio, bajo el gobierno de un alcalde nombrado por la ciudad, solía servir de alojamiento de soldados y del cuerpo de guardia urbana.

En 1567 tuvo que intervenir el Concejo para evitar la enajenación de buena parte de sus terrenos, por parte del vecino de Alcázar Diego Vaca de Sotomayor, a quien se le había adjudicado como solar una parcela ubicada sobre la fuente del Cañuelo; el Concejo le puso entonces una demanda, por entender que tenía ocupada la plaza “con mal título y mala fe”, haciéndole saber “que no labre ni edifique cosa alguna ni haga otros gastos en ella” hasta tanto se ventilase aquel litigio.

A principios del siglo XVII habían cesado ya los intentos de usurpación de terrenos en plazas públicas, ante el inminente retroceso económico y demográfico.





Si se produjo la sacralización contrarreformista de la plaza de la Leña, mediante la colocación de una cruz sobre el Cañuelo en el año 1611, por parte de congregación de Nuestra Señora de la Anunciata, que solicitó se llamase en adelante “Plaza de la Cruz”. El Concejo aprobó la petición aunque se siguió conociéndose como Plaza de la Leña o del Cañuelo.


Dicha Cruz se conserva hoy en día en el Cementerio Municipal de Baeza.









La construcción de las estructuras porticadas se produjo de forma paulativa, según las necesidades del momento. Todavía a mediados del siglo XVII se proseguía la extensión de los soportales por los lados menores de todo aquel ámbito urbano. Así en 1665 se concedió licencia al tendero Manuel Soriano para hacer una arcada de portales en la plaza de la leña, desde los Tundidores hasta la esquina de la calle San Francisco, y en 1669, a los herederos del mayorazgo fundado por don Gonzalo Dávila, en la zona baja del Mercado, conocida como “rincón de la ropería” para montar los voladizos y corredores sobre pilares, como las casas colindantes.

La crisis económica, demográfica y social que sufrió Baeza durante el siglo XVII, como sucedió en el resto de las grandes ciudades del reino de Castilla, afectó duramente a los sectores artesanales, sujetos a fuertes contribuciones e impuestos. Consecuencia directa de este retroceso fue la rápida degradación de todo el ámbito del Mercado, con la ruina de varias casas, que pasaron a convertirse en simples solares.

A mediados de siglo se intentó paliar esta situación facilitando materiales para su reparación.

Sin embargo, la revitalización del Mercado no tendrá lugar sino durante el último tercio de la centuria, con el apoyo de los valores celebrados de aquel espacio.

Hasta ese momento, el Concejo municipal careció de acómodo fijo para contemplar los festejos, usando un tablado móvil de madera junto a la calle de la Cárcel. Pues bien, a partir de 1675 se planteó la necesidad de construir un Balcón Fijo a tal efecto, justo cuando los munícipes empezaron a delegar su participación en los “caballeros de plaza” y varilargueros.

En un principio no se tenía claro cual debía ser su ubicación final, si en la plaza de los Leones o en la Plaza del Mercado, así como su funcionalidad, como Balcón y Casa de Comedias, pero debido a la situación ruinosa en la que se encontraban los solares en la Plaza del Mercado, fue allí donde decidieron ubicarlo definitivamente.

Hacia 1679, no existiendo un lugar decente ni propio “de la grandeza de la Ciudad” donde asistir en pleno a fiestas de toros, se proyectó construir el llamado BALCON DEL CONCEJO, para mayor “ornato” de la plaza del Mercado y para alentar a la reconstrucción de los solares que existían desde la calle La Cárcel hasta la Calle del Espíritu Santo.

Tal proceso de construcción fue arduo y lento, dadas las dificultades económicas de una ciudad embargada y fue a partir de 1686 cuando se impulsó definitivamente su construcción con el impulso del corregidor don Melchor Francisco de Bardales. Aun así, las obras del Balcón del Concejo no se concluiría hasta los primeros años del siglo siguiente.



Existió pues, una gran preocupación por parte de los munícipes acerca del ornato y adorno de la Plaza, por ser el principal exponente de la grandeza o decadencia de la ciudad, dado que las fiestas de toros y cañas provocaban la afluencia de gentes de casi toda la comarca.

No sólo se persiguió la reedificación de todos sus solares, sino también se intentó dotarla de cierta uniformidad, es por ello que en la actualidad “El Paseo” esté rodeado de soportales.

A principios del siglo XVIII las funciones celebrativas habían desplazado a las artesanales y de intercambio en cuanto a su capacidad de conformación de la plaza. Esto se hizo más ostensible en la parte central del Mercado, alrededor del Balcón del Concejo, y desde ella hasta las zonas más bajas, donde se instalaba el coso taurino.

Sus inmuebles contaban con hasta 3 pisos provistos de grandes ventanas apaisadas o corredores, capaces de generar varios puestos para ver las corridas de toros. Sin embargo, las casas ubicadas hacia la Alhóndiga y la plaza de la Leña eran de sólo 2 pisos, con balcones salientes en lugar de ventanas y bien formados soportales.


Viviendas de Tres plantas sobre Portales Zapatería cerca del Balcón del Concejo

Vivienda de dos plantas en Portales Tundidores, cerca del Mercantíl y de la Torre de los Aliatares



(Fin de la Segunda Parte)



Fuentes:


Patrimonio Arquitectónico y Urbano en Baeza. Siglos XV al XVIII. Autor José Policarpo Cruz Cabrera

PLAZA DEL MERCADO Y DE LA LEÑA (1ª Parte)





Las plazas del Mercado o del Cañuelo y de la Leña, formaban un amplio espacio abierto entre la vieja ciudad intramuros y los arrabales extendidos hacia el Norte, pertenecientes a la collación del Salvador.

Forma oblonga


La primera, de forma oblonga fue un emplazamiento destinado para juego de toros y cañas, así como para el paseo, concebida así como una auténtica plaza mayor.  





De estructura irregular, estaba rodeada de soportales con sus casas tienda: la fuente del Cañuelo (hoy fuente de la Estrella), dividía este espacio de la plaza de la Leña, encrucijada y punto de unión de las principales calles que se ordenaron: las de San Francisco, San Pablo y las Barreras.


Confluencia de las Calles San Pablo (enfrente), San Francisco (izquierda) y las Barreras (derecha) 


Se trata pues, de dos espacios diferentes, pero complementarios por la continuidad de sus estructuras, por lo que resulta aconsejable analizarlas conjuntamente.






El origen histórico de la plaza del Mercado puede remontarse a la época de la dominación musulmana, según Javier Aguirre Sábada, basándose en el análisis toponímico de la vecina torre de los Aliatares o Altares, como referente al mercado de los “alatares”, donde estaban los perfumistas o drogueros, desechando la popular aceptación de la misma como perteneciente a la supuesta tribu árabe de los Aliatares.





Visión actual de la Torre




Sin embargo la conformación actual de la plaza, deriva de las postrimerías del siglo XV y principios del XVI, respondiendo al fuerte crecimiento poblacional de  aquella época.

El Concejo de Baeza tuvo que actuar en varias ocasiones con firmeza para evitar la apropiación indebida y desordenada de los terrenos existentes en los arrabales. Hacia 1504 ya existían varias causas judiciales contra diferentes vecinos que habían construido, con licencia o sin ella, casas en los arrabales.

(Un arrabal (del árabe hispánico arrabá, y este del árabe clásico raba) es una agrupación orgánica (sin planeamiento urbanístico previo) de viviendas y comercios, normalmente asociado a clases bajas.)

Toda aquella zona se conformó como Plaza, aprovechando la vaguada natural que bajaba por la calle de San Pablo hacia el Camino Real de Jaén, junto a la Puerta del Cañuelo (ya desaparecida) y la Torre albarrana de los Aliatares o Altares.


Torre de los Aliatares


En esta plaza se concentraron a principios del siglo XVI las principales actividades artesanales de la ciudad, en especial las industrias de los tintes, cuyos productos eran muy apreciados en toda España, según Pedro de Medina.


Libro de la Verdad de Pedro de Medina


En 1531 don Carlos I dio licencia a la ciudad para que los tintoreros usasen el remanente de la fuente del Cañuelo en sus establecimientos, a cambio de un censo de 50.000 maravedís aplicados a sus eventuales reparaciones.




El concejo de Baeza, también tuvo que controlar el asentamiento de mercaderes y tenderos, hasta el punto que aún hoy día perduran los orígenes gremiales en la denominación de los soportales del actual Paseo: Portales Tundidores, Portales Zapatería (Zapateros), Portales Carbonería (Carboneros) y Portales Alhondiga (panaderos).



Portales Tundidores en la actualidad

Portales Zapatería en la actualidad


Portales Carbonería en la actualidad


Portales Alhóndiga en la actualidad



La importancia que le dio el Concejo de Baeza para que todos los comercios se mantuvieran cercanos, que en 1524 con siguió una facultad real para que el corregidor ordenase a los “especieros, zapateros y tenderos” mantuviesen sus “tiendas y mercaderías” en la plaza, mercado y calles donde antiguamente solían estar, en lugar de repartirse por los arrabales de la ciudad". Así también favorecía al Concejo el cobro de las rentas de alcabalas y otros impuestos de la época.

La mayor parte de los solares y casas de la plaza del Mercado estuvieron en manos de vecinos particulares, muchos de ellos pertenecientes a sectores privilegiados del clero y de la nobleza local, y explotados en régimen rentista.

Las funciones mercantiles y artesanales de aquella zona, darían lugar a inmuebles alargados, con una tienda y portal o voladizo hacia la plaza, taller en la parte trasera y vivienda en los pisos superiores.

También el Concejo disfrutaría de la posesión de terrenos, sobre todo aprovechando solares de realengo a lo largo de la línea de las murallas, donde se construyeron a lo largo del siglo XVI  los Pósitos Viejo y Nuevo, y la Alhóndiga Zaída.

En los soportales de antiguo, se ubicaban los “puestos de los feriantes” que les servían de preciso abrigo y cobijo, dado que las ferias anuales del Mercado tenían lugar entre el 30 de noviembre (San Andrés) y el 15 de diciembre.

Antiguamente, la plaza en su tránsito hubo un pórtico angulado y avanillado con sus puertas, otros portales de la línea de la plaza con altares y el enterramiento de la obra pía de los Niños Expósitos: nada de esto existía a mediados del siglo XVIII.


Fotografía de la plaza de la leña a principios de siglo



Fotografía actual de la plaza de la leña. Ya no existe el pórtico angulado


Como hemos dicho anteriormente, a mediados del siglo XVI la plaza del Mercado servía para la celebración de fiestas de toros y cañas, y el levantamiento del Pendón en las proclamaciones reales. Rodeada estaba de casas y desde sus ventanas “altas” se podía ver tales espectáculos.






(Fin de la primera parte)



Fuentes:


Patrimonio Arquitectónico y Urbano en Baeza. Siglos XV al XVIII. Autor José Policarpo Cruz Cabrera



domingo, 25 de septiembre de 2016

Abú-l-Ula al Watiq, "EL DE BAEZA":Último califa almohade de Marruecos y Al-Andalus nacido en Baeza

 
Dirham almohade de AL-WATIQ
Último califa almohade de Marruecos y Al-Andalus nacido en Baeza hacia 1230 y muerto en Wadí Agfú (Marruecos) el 1 de septiembre de 1269. 

Su nombre completo fue Abú Dabbús Idris ibn Abí Abd Allah Muhammad ibn Umar ibn Abd al Mumin. Su prenombre fue Abú-l-Ula y se apellidó Abú Dabbús ('el de la maza') porque usaba la maza de combate como arma. 

Era el menor los nueve hermanos de al-Bayasí (El Baezano),  un rival del califa al-Adil, que en 1224 se proclamó señor de Baeza. Su madre fue una esclava cristiana y de ella heredó rasgos caucásicos. Abú Dabbús hijo del "Baezano" pasó a llamarse "El de Baeza".

(Abd Alláh ben Muhammad al-Bayyasi (اﻟﺑﻴﺎسي) fue un noble almohade natural de Bayyasa (actual Baeza) que se alzó en contra del califa Al-Adil, nombrándose emir de Baeza. En 1224 llegó a controlar gran parte de las actuales provincias de Jaén, de Córdoba y la zona fronteriza del sur de Badajoz y Ciudad Real.)




 
Según Vicente Coscollá Sanz en su libro “La Valencia Musulmana”, Abú Dabbús era extremadamente blanco, pelo rubio y ojos azules.

Durante su juventud luchó en Al-Andalus en las guerras civiles anteriores a la expulsión de los almohades de la Península. 
El Imperio almohade a finales del siglo xii y principios del xiii.
Después pasó a Marruecos y entró al servicio del califa al-Murtad, distinguiéndose en la defensa de la ciudad contra los benimerines de 1262 y 1263. 

Entre 1263 y 1264 Abú-l-Ula participó en una serie de intrigas palaciegas y fue obligado a huir de la capital, acusado de mantener correspondencia secreta con el emir benimerín Abú Yusuf Yaqub. 

A finales de 1264 Abú Dabbús ofreció sus servicios a Abú Yusuf Yaqub para luchar contra los almohades y éste le proporcionó credenciales entre los señores del Atlas, entre los que Abú Dabbús estuvo buscando adeptos durante todo el invierno de 1065. Además de importantes apoyos en la capital ganó la alianza de los árabes Sufyan, los Banu Yabir y un gran número de mercenarios cristianos. 

En octubre de 1266 marcharon hacia la capital y la tomaron fácilmente, ya que la guarnición de Marruecos se encontraba recaudando los impuestos de Haha y Ragraga. Al-Murtad huyó de la ciudad en octubre y fue capturado y decapitado en noviembre. Abú Dabbús fue proclamado en Marruecos el 23 de octubre de 1266 y tomó los títulos de al-Watiq ('el que confía en Dios') y al-Mutamid Alayhí ('el que confía en Él'). 

Nombró visir a Abú Zayd Abd al-Rahmán y mantuvo a los secretarios de los califas anteriores. Desde el comienzo trató de ganar popularidad y para ello suprimió los nuevos impuestos, manteniendo vigentes únicamente las cargas antiguas; eliminó las tasas sobre las mercancías y trató de mantener las soldadas mediante expedientes y multas a los funcionarios de la Hacienda. 

No obstante no cumplió el califa el anterior pacto con los benimerines, lo que provocó ataques a Marruecos a principios de 1267. También perdió Abú Dabbús la amistad con el jeque de Haskura, Masud ibn Yaldasan, que había sido uno de sus principales valedores. 

En mayo de 1267 inició el califa una expedición contra Haskura, aunque las negociaciones previas al ataque lograron evitar el enfrentamiento. Mientras que el califa se encontraba fuera de la capital, Abd al-Aziz, un hijo del califa Abú-l-Hassan Alí I, inició una conjura para hacerse con el poder y fue secundado por importantes nobles de la ciudad, pero Abú Dabbús supo de ella y en secreto mandó asesinar a Abd al-Aziz. 

En primavera de 1267 inició Abú Dabbús la campaña para derrotar a Ibn Yiddar, que se había declarado independiente en el valle del Sus reinando al-Murtad. Durante unas semanas el califa fue recibiendo la adhesión de importantes señores almohades y a principios de julio tomaron la ciudad de Tizgat; el 21 del mismo mes comenzó el asedio de la fortaleza de Tinwanwin y a finales de agosto se logró su capitulación; Abú Dabbús entró victorioso en Marruecos el 9 de octubre de 1267. 

Por aquellas fechas comenzó un ataque benimerín por la región de Dukkala. Las tropas califales lograron expulsar de Dukkala a los invasores, pero fueron derrotadas por Abú Yusuf Yaqub en febrero del año siguiente. 

En abril los benimerines razziaron la región cercana a la capital y en invierno regresaron a Fez, pero la primavera siguiente reanudaron los ataques. Los jeques almohades convencieron al califa para que saliese a repeler a los agresores, alegando que el grueso de las tropas benimerines se encontraban protegiendo Taza. 

Abú Dabbús persiguió al destacamento enemigo hasta Wadí Agfú, donde el ejército benimerín cayó sobre las tropas almohades derrotándolas. El califa intentó huir, pero fue muerto en plena batalla, marcando el final de la dinastía almohade. 

Su cabeza fue enviada a Fez y Marruecos pasó a dominio benimerín. Aunque su hijo Abd al-Wahid logró huir y se hizo proclamar califa en Tinmel, tomando el título de al-Mutasim billah, abdicó a los cinco días de su proclamación y huyó a Al-Andalus 



Fuente:


 www.mcnbiografias.com
 www.numismaticamedieval.com

Al Bayyasi el último emir árabe que tuvo Andújar

al-Bayyasi ayudó a Fernando III a tomar algunas localidades giennenses como Montejícar, Pegalajar o Mengibar. Pero antes de abandona...