viernes, 27 de mayo de 2016

EL HÉROE DE SANTA ENGRACIA











Don Antonio de Cuadros y Alonso, hijo del 8º Señor de Villanueva de Figueroa y 5º sobrino-nieto del obispo sabioteño don Fernando Suárez de Figueroa de los Cobos, nació en la ciudad de Baeza, donde fue bautizado en la parroquia de San Pablo el 17 de septiembre de 1760.

Iglesia San Pablo de Baeza





Siendo brigadier ejercía el cargo de gobernador político de Teruel y su partido al tiempo que España fue invadida por los franceses de Napoleón Bonaparte.


Monasterio de Santa Engracia (Zaragoza)




Abandonó dicho cargo a fin de ponerse a las órdenes del monasterio de Santa Engracia (Zaragoza), en donde, según consta en el opúsculo “Brigadier Cuadros” que obra en la Biblioteca Nacional, moriría allí gloriosamente el 4 de agosto de 1808 al tratar de cubrir con un saco de arena la brecha abierta en las defensas por el intenso fuego enemigo.



Interior Iglesia de San Pablo (Baeza)



En la parroquia de San Pablo de Baeza, Libro de Sepelios número 11, folio 99, vemos un documento que dice:


En la ciudad de Baeza a veintinueve días del mes de agosto de mil ochocientos ocho años, en esta iglesia parroquial de San Pablo se cumplió un oficio cabo de este año que llaman mayor, por el alma de don Antonio María Cuadros, gobernador de Teruel, que murió en Zaragoza en el combate con los franceses. Y para que conste lo firmo como colector de testamentos” – Maestro Antonio María Gallego

La Ilustración Española Americana de 1872, nos relata aquel acontecimiento histórico:






Allí estaba el coronel Qüadros, su noble ardimiento le había llevado voluntariamente a los muros de Zaragoza. Gobernador de una provincia que no agitaba por aquellos días el genio terrible de la guerra, aquel español insigne ardia en nobles deseos de consagrar su espada a la defensa de la justicia. Ningún deber imperioso le obligaba a apartarse del seno de su familia “Podía permanecer en Teruel a cubierto de toda nota; podía cumplir como militar honrado y pundoroso consagrándose al desempeño del importante cargo que le estaba confiado.

Pero no discurren asi las almas levantadas y valerosas. En trances en que peligra el honor de la patria, la nostalgia de la gloria atormenta los pechos varoniles. Qüadros se arranca de los brazos de su esposa y de sus hijos; reúne cien soldados que guarnecen la ciudad, y trescientos voluntarios que acuden presos a su voz, y corre a Zaragoza con aquel puñado de valientes.


Palafox




Allí le había confiado Palafox el puesto de honor, dejando a su patriotismo la defensa del monasterio de Santa Engracia, punto donde los franceses concentraban su mayor energía. Allí conquistó imperecedera gloria el Coronel Qüadros. 








Veintiseis piezas de cañon maniobraban incesantemente contra aquel refugio de la independencia española que sostenía un puñado de valientes, y por cuya defensa había velado, privándose del sueño y del sustento el ilustre jefe elegido por Palafox. Pero la hora terrible había sonado para aquel héroe, no para Zaragoza, sobre cuyas ruinas debían alzarse todavía impávidos sus fuertes defensores. La batería de Santa Engracia había lanzado el último rugido, sepultándose entre los escombros que envolvían a casi todos sus campeones, y el valiente Qüadros no veía más que cadáveres en torno suyo.

Pero los manes de Daoiz, Ruiz y Velarde se levantaban ante el impávido guerrero, y un héroe no necesita para morir más compañía que la sombra de los que le procedieron en el camino de la gloria.

Una ancha brecha franqueaba el paso del monasterio. El enemigo, embriagado con la sangre derramada en el interminable asalto a aquella nueva Troya. Cada paso sembraba en las filas francesas el exterminio, y cada esfuerzo gigantesco solo servía para conquistar cadáveres y ruinas.

Quadros alienta todavía en medio del exterminio de los suyos. Impertérrito entre los cadáveres de sus soldados, aún desafía el ímpetu de los sitiadores, aún quiere disputarles el ancho paso barrido por la metralla del sitiador. Pero ha llegado para él la hora de la inmortalidad: “El plomo enemigo hiere su altiva frente en el momento en que sus brazos infatigables arrastran hacia la brecha un saco de arena.

En el mes de Agosto, a cuatro días del mencionado 1808, año que las páginas de nuestra historia nacional conservaran escrito en caracteres de oro, los franceses extremaron el bombardeo de Zaragoza.

Cuadros cedió a Lazán parte de las escasas fuerzas con que contaba para la defensa de Santa Engracia, a fin de que atendiese a la de otros puntos activamente atacados, y los zaragozanos, en este día, abandonaban el amparo de us cañones, y se lanzaban a campo abierto a combatir, cuerpo a cuerpo, esgrimiendo la espada y la bayoneta.

En medio de aquella sangrienta refriega, en que a cada segundo caían cien muertos o heridos, vitoreando al rey y a la patria, el brigadier baezano Cuadros, despues de haber rescatado, por medio del valiente Ruiz, un cañon de que se habia apoderado el enegimo, y de haber hecho supremos esfuerzos y prodigios de valor, quedó al fin solo, cercado de los cadáveres de sus bravos soldados y al descubierto de los fuegos contrarios. 

Estonces, considerando que los brios de su corazón eran bastantes a suplir los de su ya hyertos compañeros, al tratar de rehabilitar una batería desmontada, recibió una descarga que lo tendió espirante sobre un saco de arena que conducía.

Por Real decreto de 16 de Noviembre , don Amadeo de Saboya en consideración a los servicios prestados al país por el brigadier don Antonio María Qüadros y Alonso, héroe de la guerra de la Independencia, orgullo de la nación española, muerto gloriosamente el 4 de agosto de 1808 en la puerta de Santa Engracia, le ha hecho merced del título de Reino con la denominación de conde de Santa Engracia, con grandeza de España de primera clase, a favor de su hija doña Maria del Carmen Qüadros y Romero, para sí, sus hijos y sucesores legítimos.



Claustro Convento de Santa Engracia


Glorioso debieron ser los actos llevados a cabo por nuestro baezano en el asedio de Zaragoza, cuando quedó plasmado una distinguida poesía contemporánea que dice:


" A cada hora que en el sitio pasa
hay que admirar otra gentil proeza,
cada hombre es alli un héroe, cada casa
un Castillo de insigne fortaleza,
si un edificio el enemigo arrasa,
allí mismo se eleva con presteza
en sus ruinas una alta barricada
que la de impedir al sitiador la entrada.."

"Si el enemigo con menguado intento
los cauces rompe y la llanura anega, 
barrena de los puentes el cimiento
y vierte el algua por la fertíl vega;
si derruye edificios, y violento
á practicar el mal loco se entrega,
el pueblo á su crueldad no tiene miedo
y persiste en la lucha con denuedo..."

"Si al ver cerrarse el cerco, aislados quedan
y vívieres preciosos escasean
llenos de abnegación, por no puedan
los valientes soldados que pelean
el disgusto tener de que les vendan
el preciso alimento que desean,
para que por igual dése el sustento
los víveres se juntan al momento..."

"En fin, si el enemigo audaz intenta
sorprender algún punto vulnerable
y con sagaz sigilo se presenta
con una astucia vil e imperdonable
de su excursión nocturna no se ausenta
sin dejar una huella memorable,
porque al soldado que el honor desvela
no puede sorprenderse por cautela"






Fuentes:

La ilustración española y americana: revista de bellas artes y actualidades
issuu.com

Noticias y documentos para la Historia de Baeza. Autor Fernando de Cózar


ALONSO SANCHEZ DE CARVAJAL Y NAVARRETE Y SUS VIAJES CON CRISTOBAL COLON




Alonso Sánchez de Carvajal y Navarrete nació en Baeza, fue el II Señor de Tobaruela, castillo de las proximidades de Linares con piedras armeras de los Carvajal.

Castillo de tobaruela (Linares)



Primer Señor de Bélmez en la Moraleda (Jaén), alcaide de Baños de la Encina, casado en Baeza con doña Leonor de Mendoza, hija de Juan de Mendoza, Caballero de Santiago y Comendador de Villahermosa, y de doña Isabel Rodríguez de Peralta. Fueron hijos.

Fue nombrado "Contino" por los Reyes Católicos.


Los Continos eran oficiales nombrados directamente por los Reyes con funciones indeterminadas para que prestaran sus servicios allí donde sus señores lo deseaban, con variadas competencias, donde fueran fieles ejecutores de la voluntad real.

Característico de los Continos es su servicio continuado al Rey o a la Reina, juraban su cargo como tales oficiales y percibían quitaciones por sus servicios, cuyas cartas eran incorporadas a los libros de los Contadores Mayores.

Su disponibilidad hacía de ellos oficiales eficientes de máxima utilidad para el cumplimiento de los deseos reales, que recibían instrucciones escritas para el ejercicio de su misión.

Pertenecían muchas veces a familias con tradición en la continería, unas veces eran hidalgos y otras veces a poderosas familias de gran nobleza.

El Oficio de Continuo Real se encontraba regulado por una Ordenanza hoy perdida.

La relación de los Continos con las Indias se remonta a la preparación del viaje de 1492, cuando los Reyes Católicos enviaron a Moguer y a Palos, en “la costa de la mar de Andalusya”, a Joan de Peñalosa, Contino de la Casa Real para hacer entregar a Colón las carabelas necesarias para su viaje “en el Mar Océano”.





Según los diversos relatos que nos hablan de D. Alonso Sánchez de Carvajal y Navarrete, éste formó parte del 2º y 3º  viaje que Cristobal Colón realizó al nuevo mundo, teniendo especial relavancia en los echos ocurridos durante su estancia allí y los amotinamientos sufridos durante su estancia junto a Colón.

Por su condición como "Continuo" debía informar a los Reyes Católicos de todo cuanto acontecía allí, así como velar por el cumplimiento de las ordenes de sus reales magestades en el nuevo mundo.


Francisco de Bobadilla arresta a Cristóbal Colón en Santo Domingo. Grabado publicado en la Enciclopedia de Historia de los Estados Unidos de Harper en 1912



También tuvo especial relevancia su testimonio en defensa de Cristobal Colón cuando fue arrestado tras regresar de su tercer viaje, siendo acusado falsamente por algunos de sus adversarios. El testimonio de Alonso Sanchez de Carvajal fue decisivo para su liberación.

Nao Victoria



El Segundo Viaje de Cristóbal Colón se caracterizó por el gran número de Continos enviados por los Reyes Católicos  para asegurar la efectividad de aquella armada expedicionaria a las tierras del Gran Can.

La reacción inicial de Colón fue contraria, pues veía en aquella decisión una intromisión de los monarcas en su virreinato.

Entre los muchos Continos Reales encontramos a Alonso Sánchez de Carvajal y Juan de Luján, regidor de Baeza, siendo nombrados miembros del Consejo a cuya cabeza nombró el Virrey a su hermano Diego Colón y a Cristóbal Colón, con la misión de asegurar el fuerte de Santo Tomás con título de alcaide de aquella fortaleza y pacificar la tierra de las minas.


Carabela




En el segundo viaje Colón hizo uso de un gobierno bicéfalo, en la carta-relación que escribió en torno al 20 de abril de 1494 a los reyes se lo comunicaba:

“Para el gobierno de aquí e fecho y hordenado un consejo que las personas dél son éstas: Don Diego, mi hermano, fray Buyl, presidentes, Pero Fernández Coronel, alguacil maior, y a Alonso de Carvajal, rregidor de Baeza, Juan de Luxán, criado de Vuestras Altezas, y el bachiller Gallego”. Luján y Carvajal eran continos de los reyes, por eso Colón llamó al primero “criado”





Para el tercer viaje de Colón a las Américas en 1498, alistó 4 naos de mas de 100 toneles y 2 caravelas. Despachó directamente para la Española, desde Canarias, tres de los navíos, mandados por Pedro de Arana, hermano de doña Beatriz Enríquez, Alonso Sánchez de Carvajal y Juan Antonio Colombo, su pariente. Con una nao y dos carabelas hizo el descubrimiento del Continente en Paria y bocas del Orinoco.

8 navíos y 226 tripulantes componían la flota, que partió del puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias siguió a las islas portuguesas de Cabo Verde. A finales de julio descubrió la isla de Trinidad (en la actualidad, parte de la República de Trinidad y Tobago); recorrió desde el 2 de agosta la costa de la península de Paria (Venezuela), allí se encontró con indios adornados de perlas y con un paisaje exuberante y tal, como lo relevan las cartas que a los reyes católicos envío, Colón pensaba que había descubierto “El Paraíso Terrenal”.





Camino de la Española divisó la isla Margarita. El 20 de agosto llegó a la nueva capital de las indias, Santo Domingo, que había sido fundada en 1496 por su hermano Bartolomé en el sur de la Isla de la Española.







Fue testigo de una espantosa tormenta que hundió casi toda la flota en la que regresaba Bobadilla, siendo él uno de los pocos que salvó su vida de aquel naufragio. El mar se tragó mas de 200.000 maravedís, y todo hubiera podido evitarse si el Comendador de Lares hubiera seguido el consejo colombino de prohibir esos días la navegación.






Terminada la última expedición colombina, el Almirante Colón llega a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504. Continua viaje hasta Sevilla, donde la enfermedad lo detiene postrado en cama.

Por este motivo, y ansioso por tener noticias de la corte, cruza con su hijo Diego una importante correspondencia entre el 21 de noviembre y el 25 de enero.
Al no poder acudir él a la corte, procurará que estén presentes voces autorizadas, como Diego Méndez, Alonso Sánchez de Carvajal, además de Bartolomé y Hernando Colón. De esta manera se podrá anular cualquier información de los hermanos Porras, sublevados en Jamaica.

En 1617, se crea una junta de reforma de las Guardas de Castilla, en la cual se identifica la compañía de los continos como de "ninguna utilidad", por lo que se procede a su disolución.





Fuentes:

CSIC/UNIA. El Centenario. Revista Ilustrada (Madrid 1892-1893) Tomo I
Slideplayer.es
Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colon, Volumen 3


jueves, 26 de mayo de 2016

RODRIGO DE NARVAEZ Y EL ROMANCE DE ABINDARRAEZ

Restos de Rodrigo de Narváez. Fotografía Archivo Histórico de Antequera (Málaga)




Merece Rodrigo de Narváez, por su decisiva participación en la Conquista de Antequera y su posterior buen gobierno como Primer Alcaide y Justicia Mayor de la ciudad y su fortaleza, junto a su primo Gonzalo Chacón y Ruiz de Narváez como Primer Alguacil y Alférez Mayor de Antequera, dedicar al primero de ellos ésta página en reconocimiento de sus muchos méritos y virtudes militares, y de gobierno de Antequera entre los años 1410 y 1424 en el que falleció.

Grabado de Van der Wyngaerde siglo XVI


Romance de Abindarráez: Al campo sale Narváez" - Diego Pisador (1509/10? - d.1557):

Al campo sale Narváez / vasallo del rey de España,
y alcayde de Antequera / con ilustre cabalgada,
todos a punto de guerra / de gran nombradía y fama,
salen por topar moros / haziendo alguna emboscada.
La media noche sería / y la tierra en silencio estava.
Narváez sube al otero / de allí la luna mirava,
tan clara estava y serena / que de vella se admirava,
la noche parece día / según el cielo mostrava.
Y por medio una arboleda / que el ayre la meneaba,
una voz oyen de un moro / que echa sospiros del alma:
-"En Cartama fuy criado / pero nacido en Granada,
y por la ventura mía / en Coyn tengo mi alma."
Oydo lo avie Rodrigo / tomólo por nueva mala,
do está la lid començada, / o que hermosa batalla,
que si Rodrigo es valiente / al moro qué le faltaba?
Mas Rodrigo acertó al moro / en el muslo una lançada
y por ser sobre cansado / el moro muy mal lo passa,
llegan a asirse a los braços / el moro en tierra se halla.
-"No me rendiré le dize / sino a la que rendí el alma".
Narváez viéndole tan fuerte / a levantar le ayudaba.
Rodrigo pregunta al moro / quién es, o lo que demanda.
-"Dime primero tu nombre / que yo haré lo que me mandas".
-"Soy Rodrigo de Narváez / vasallo del rey de España".
-"Yo me llamo Abindarráez, / mi padre así me llama,
soy de los Abencerrajes / que eran la flor de Granada".
Luego le contó su historia / y los amores que trata.
Don Rodrigo como es noble / tenido le ha grande lástima,
y dízele: "Cavallero / si me das tu fe y palabra
de bolverte a mi prisión / fenecida esta jornada,
yo te pondré en libertad / y sigue en paz tu demanda".
Viendo el moro tal grandeza / manos y pies le besaba,
y por Alá le promete / de bolver preso a su casa,
y tomada la licencia /solo el moro se tornaba,
do prosiguió sus amores / todo como él lo deseaba,
hasta bolver en prisión / como prometió y jurara.
Rodrigo lo estima en mucho / al punto lo libertaba,
con que quedó entre los dos / grande amistad confirmada.

Rodrigo de Narváez



No como cautivos, sino como huéspedes, recibió Rodrigo de Narváez a Jarifa y Abindarráez. Todos los cristianos estaban admirados de la belleza, la discreción y el encanto de Jarifa, y la apostura y nobleza del joven abencerraje. Éstos temían aún el castigo del padre de la doncella, al que sabían irritado por la unión y la fuga de los amantes.
Así que Narváez mandó mensajeros al rey de Granada, relatándole todo el caso y pidiéndole que interpusiera su influencia cerca del alcaide de Coín para que perdonara a su hija.
El rey moro, conmovido y llevado por su cariño a Abindarráez, ordenó al padre de Jarifa que se presentase ante él, y le pidió que concediera su perdón a los fugitivos. El perdón fue concedido y comunicado a los mensajeros de Narváez.
Juntos estaban los amantes en el jardín del alcaide de Alora, meditando lo que les reservaría el porvenir, cuando Rodrígo, con el semblante muy alegre, llegóse a ellos para decirles:
- Han venido cartas de Granada por las que estáis perdonados. Yo no quiero ser menos generoso, y os concedo la libertad. Podéis marchar en cuanto mis hombres os preparen caballos y escolta.
Abindarráez y Jarifa, con los ojos llenos de lágrimas, besaron las manos del generoso alcaide, agradeciéndole todo lo que por ellos había hecho. Y una vez que fueron despedidos por todos los que habían quedado prendados por su juventud y belleza, marcharon hacia Coín, acompañados y agasajados por Narváez y sus caballeros hasta la misma frontera.
Días después llegaron unos emisarios de Abindarráez trayendo a Narváez seis mil escudos y unos hermosísimos caballos; presentes que el moro hacía a su vencedor y libertador. Mas Rodrigo, galantemente, rehusó el rescate y el obsequio, mandando a los moros que se lo llevasen de nuevo y diciendo que él no acostumbraba robar damas, sino servirlas y honrarlas.









En el interior del castillo alcazaba de Antequera, se construyó tras su conquista, la primera iglesia cristiana de San Salvador, que cayó en desuso y despareció con el tiempo. Sobre su antiguo emplazamiento se levantó en 1870 una pequeña ermita neogótica también hoy desaparecida, pero que se recuerda en estas fotografías del año 1900, que conservan el Archivo Histórico Municipal de Antequera (AHMA).



En la subida del camino a la ermita nos encontramos 12 murales que nos relatan la historia de la Bella Jarifa, una novela morisca que se publicó en 1561, y que más tarde Antonio de Villegas recogió en su Inventario 1565.






En el primer mural podemos contemplar una imagen del caballero Rodrigo de Narváez con sus escuderos. El texto del mural dice:

«En el siglo XVI fue un caballero que se llamó Rodrigo de Narváez alcaide de Antequera y Álora donde residía, teniendo allí 50 escuderos para su defensa. Pues una noche, el alcaide dijo a todos ellos: “Parésceme, pues la claridad de la noche nos convida, que será bien dar a entender a nuestros enemigos que los valedores de Álora no duermen.»




En el segundo mural podemos contemplar una imagen de la lucha entre Abindarráez y los escuderos de Rodrigo de Narvaéz . El texto del mural dice:

«Saliendo de la fortaleza hallaron dos caminos. “ Vosotros cinco id por el uno y con estos cuatro me iré por el otro, tocando los unos el cuerno acudirán los otros a su ayuda”. Yendo, vieron venir un gentil moro a caballo que cantaba:“Nacido en Granada, criado en Cártama, enamorado en Coín, frontera de Álora”.Uno de los escuderos se acometió. Viéndose asaltado, con una lanzada el moro dio con él en el suelo. Viendo eso, tres otros se acometieron para diez moros y todos juntos no podían con este solo, que a poco rato tenía los tres en el suelo. El último escudero tocó el cuerno y se lanzó hiriendo al moro en el muslo. Él con ravia de verse herido volvió en sí y dio con él y su caballo en tierra. Rodrigo de Narvaéz acudiendo y viendo la valentía de moro se quedó espantado. “ Moro, vente a mí ” y como el moro estaba herido y el alcaide venía de fresco, éste le dio una herida en el brazo derecho y dio con él en el suelo.“Caballero, date por vencido, si no matarte he”.”Matarme bien podrás, dijo el moro, que en tu poder me tienes, mas no podrá vencerme sino quien una vez me venció”.»







Era Rodrigo de Narvaez tanta honra, que como dice Pulgar en su Galeria de personajes ilustres del siglo XV “ningúno en sus tiempos la ovo mayor” queríanle con delirio los soldados, y tal era la confianza que les inspiraba en los actos de guerra, que Juan Galindo, ginete que peleó en la anterior escaramuza y luego la describió en elegantes alejandrinos, dice de él:




“ Alcayde, señor,
Todos queremos por el vuestro amor
Morir en el campo de muy buen talante
Aunque viniese el moro Alicante
Con todas las huestes del rey Almanzor”

En este mismo año de 1424, el 20 de noviembre falleció D. Rodrigo, sucediéndole en la alcaldía su hijo Pedro. El cadáver fue enterrado en su capilla de la iglesia del Salvador.






En un paraje entre Antequera y Archidona, llamado desde entonces Torre de la Matanza, se libró una gran batalla entre los ejércitos de Rodrigo de Narváez y el de los moros, lugar en el que aún hoy se encuentran espuelas, estribos, armas y otros vestigios notables y que ganaron los cristianos gracias al parecer según se cuenta y está escrito, a una curiosa estrategia utilizada por el Alcaide de Antequera.

Castillo de Antequera


Se dice que ordenó reunir un gran rebaño de ganado al pie de la llamada Peña de Los Enamorados, sobre la que mandó prender una gran hoguera en la que se quemaron gran cantidad de cuernos, pezuñas, cueros y pieles de animales, sabiendo que el viento llevaría el humo y los malos olores hacia el ganado y las líneas enemigas. Efectivamente los animales espantados huyeron en estampida arrollando las cabalgaduras y a los propios enemigos que fueron desordenados y sorprendidos por los cristianos en su ataque, causándoles enorme matanza y obteniendo una gran victoria.

El vulgo suele llamar a esta acción La Batalla de los Cuernos, y el Ayuntamiento de Antequera celebra aún el aniversario de esta batalla con una solemne función religiosa en la Iglesia Colegial, tremolando el pendón real bajo el cual combatieron los cristianos, que es el mismo que entregó el Infante al Alférez Mayor Gonzalo Chacón cuando fue conquistada la ciudad.



D. Rodrigo de Narváez falleció el 20 de noviembre de 1424 y fue enterrado en primera instancia en la Iglesia del Salvador de Antequera, siendo trasladados sus restos a la Iglesia de San Sebastian en 1856 a instancias de su descendiente D. Antonio Aguilar Correa Fernández de Cordoba Narváez.






La Colegiata de San Sebastián es la Iglesia mayor de Antequera







Sepultura de D. Rodrigo de Narváez

Escudo de Armas de D. Rodrigo de Narváez





La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de Caballeros y Damas del Infante Don Fernando y Santa Eufemia, rinde homenaje a don Rodrigo Narváez, primer alcaide de la Recristianización de Antequequera 



Pendón de la ciudad de Antequera

Santa Eufemia fue proclamada  (no sin algunas controversias), Patrona de Antequera, a la vez que sus conquistadores encabezados por Rodrigo de Narváez adoptaron las armas propuestas por el Infante D. Fernando, que detalla el pendón la ciudad compuesto por un castillo a la derecha, un león rampante a la izquierda con las letras A y Q sobre ellos que significan Antequera, y en el centro una jarra con azucenas insignia de la Orden de la Terraza instituida por el rey de Navarra D. Garcia y restaurada ahora por el Infante, figurando sobre el cuello de la jarra la letra T de Terraza, y al pie de la misma la leyenda “Por su Amor” aludiendo al Infante D. Fernando, desde entonces sobrenombrado como “El de Antequera





Procede este linaje Narváez al igual que el de Chacón, del mismo solar del Reino de Navarra sito en la tierra de Sisa, Merindad de San Juan de Pie del Puerto, desde donde pasaron ambas familias y en la misma época, a Jaén, Úbeda, Baeza y Antequera, para prestar apoyo al Rey de Castilla Alfonso el Onceno en su lucha contra los moros y reconquistar el territorio del entonces reino de Granada.
Anteriormente, el linaje Narváez se derivó del muy noble y poderoso linaje de Narbona en el sur de Francia, del que tomó el nombre, estableciéndose en el Reino de Navarra sobre el año 1150.



Fuentes:


Cronica de la Provincia de Málaga
Musicaantigua.com
Apllidochacon.es

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