miércoles, 15 de febrero de 2017

FUENTE PUERTA DE UBEDA O BALLESTEROS


Esta fuente forma parte históricamente de la red de abastecimiento urbano de la mina del Arca del Agua, creada a mediados del siglo XVI. 

Desde la fuente del Arca del Agua la red principal llegaba a la fuente Alta del Ejido (desaparecida hacia 1960), donde se bifurcaba en dos, un ramal hacia la puerta de Toledo y otro hacia la puerta de Úbeda, pasando por las calles de Antonio Moreno, cuesta de Prieto y la Merced, desde una arqueta de registro daba agua a la fuente de la Puerta de Úbeda. 

Se trataba de una simbiosis muy frecuente en los siglos XV y XVI de abasto urbano y puerta murada como emblemas del poder concejil.

 
Litografía de la Antigua Puerta de Ubeda


La primitiva fuente se ubicó entre los arcos de acceso a la puerta de Úbeda (hoy se conserva uno de los tres que llegó a tener), como prototipo de pilar adosado, de aspecto monumental, según lo describió el jesuita baezano Francisco de Torres en 1677: 

“En el lienzo de la puerta de Úbeda que mira afuera está la fuente que llaman de la puerta de Úbeda, con tres caños, cuya fachada es de hermosa sillería franca, con escudos de armas de rey y la ciudad”. 

La primera noticia documental data de 1570, cuando trabajaban en ella los canteros Cristóbal de Linares y Juan Martínez (¿reparación o culminación de su fábrica?).

A lo largo de los siglos apenas tuvo problemas de escorrentía, pero hubo de ser reparada y apuntalada, por su estado ruinoso, en 1670, y sufrió reparos menores en 1682, 1781 (renovación de los abrevaderos) y 1801.

Debió desmontarse a finales del siglo XIX, cuando se realizó la actual, aprovechando seguramente algunos elementos, como los abrevaderos. Sí se ha conservado en un lateral de la puerta de Úbeda una estructura cúbica de sillería, que debió formar parte del arca de registro de la fuente, por su semejanza con otra semejante junto a las Casas Consistoriales Altas, que servía para dar agua a la fuente de Santa María. Quizás se desmontó para permitir el tráfico viario moderno por la puerta de Úbeda, acceso al barrio intramuros catedralicio.



Esta fuente históricamente se usó siempre para abasto preferentemente de los vecinos, por la dulzura y calidad de las aguas de la mina del Arca del Agua o de la Celadilla.

  






Abastecía a buena parte de la población, al cubrir las necesidades de los barrios extramuros del Vicario, San Pablo y del Carmen, así como a la zona intramuros del entorno de la calle Sacramento.

Fotografía actual


Noticias sobre sequías históricas ilustran aspectos sociológicos sobre la recogida del agua:

En 1605 “se cometieron muchas ofensas a Dios Nuestro Señor por andar las mujeres toda la noche buscando agua”; para evitar aquellos males en 1646 se acordó reservar por la noche un caño de la fuente de la Puerta de Úbeda para hombres y aguadores y dejar “desembarazados los otros dos caños para las mujeres, conque estando separados se excusarán muchas ofensas a Dios Nuestro Señor y será más alivio para que la gente no se detenga en coger agua”.



Al sustituir al primitivo pilar adosado que estuvo bajo los arcos de la misma puerta, pasó a llamarse fuente de Ballesteros, en honor de la compañía de ballesteros de señor Santiago, milicia baezana creada por Fernando III que tuvo marcado protagonismo en la conquista de Andalucía y en campañas militares hasta su extinción en el siglo XVIII.


Monumento dedicado a los Ballesteros de Baeza
situado junto al Torreón de la Puerta de Úbeda


Desde su construcción hasta la década de 1960 era un edificio exento, sobre alto podio con escalinata de acceso en su desnivel hacia la calle de las Barreras, con dos pilares abrevaderos a los lados quizás aprovechados de la primitiva fuente, según aparece en fotografías antiguas. Una barandilla evitaba la caída a uno de los pilares. En el centro del podio se levantaba un cuerpo prismático con los cuatro frentes idénticos, adornados con rehundidos a manera de hornacinas aveneradas, rematados con cartelas lisas. En la cúspide de dicha estructura, un pináculo sobre basa circular.

Su aspecto actual, tras las modificaciones de los Sesenta, casi oculta su función de fuente pública, al haberse eliminado los pilares abrevaderos, el alto basamento y el remate circular, quedando solo cuatro piletas en los frentes del cuerpo central, para llenado de cántaros. Se proyectó entonces colocar sobre ella una escultura conmemorativa de la figura del ballestero, lo que al final se ha llevado a la práctica hacia 2001, pero en una pequeña placeta junto al torreón de la Puerta de Úbeda





Fuente:



martes, 14 de febrero de 2017

EL ARMARIO DE LAS TRES LLAVES DE BAEZA



En la sala que daba al norte se conservaba el armario de tres llaves, empotrado, con buenas tallas del XVI, donde se guardaban los padrones de la nobleza baezana y depositados hoy en el Archivo Histórico Municipal, en la Casa de la Cultura.

Dos eran los archivos en los que se guardaba la documentación que generaba el gobierno de la ciudad, debiéndose añadir un tercero con la desaparición de la Compañía de los doscientos Ballesteros de Santiago en 1757 por orden de Carlos III y cuyo patrimonio archivístico pasó al Ayuntamiento por orden superior.

El primero de ellos se encontraba en la sala alta de las Casas de Cabildo en donde se celebraban los plenos municipales.

En esta sala, y junto a la ventana que existía a sus pies, había un armario empotrado en la pared con unas puertas que aún se conservan en el actual Museo de Baeza.


Dichas puertas tienen talladas las alegorías de las virtudes cardinales y teologales, cualidades que debían regir a todo gobernante, estando coronadas por la figura de San Miguel luchando contra las fuerzas del mal: toda una alegoría sobre lo que debía ser el gobierno de la ciudad.

La documentación que contenía estaba directamente bajo la responsabilidad de la Ciudad, disponiendo el armario de tres cerraduras con sus correspondientes llaves.

La primera de las llaves era custodiada por el Corregidor de la ciudad, otra la tenían los escribanos de Cabildo y la tercera se sorteaba entre los regidores de la ciudad, siendo el elegido nombrado como caballero clavero hasta la siguiente elección.

En los cajones que contenía este archivo se custodiaban los Privilegios Reales, concebidos a Baeza así como otros relativos al funcionamiento de la ciudad como el Fuero y ordenanzas, además del padrón de hidalgos de ella.

La apertura de este archivo se realizaba de forma solemne por mandato del corregidor.

Este citaba mediante cédula o acuerdo de cabildo a los claveros para un determinado día y hora, nombrándose en ocasiones además una comisión de dos regidores y un jurado que estaba presente durante su apertura.

Uno de los motivos más frecuentes de su apertura era la inclusión de los hijosdalgos en el padrón de la ciudad o los trámites previos para su declaración.

En estas ocasiones no existía en Baeza arancel alguno para la realización de este trabajo tal y como era cobrado en otras ciudades. Sin embargo, si existió la costumbre de satisfacer los interesados una serie de propinas a los claveros y comisionados de su apertura.

Esta consistía en media arroba de chocolate y media de dulces para el corregidor, caballero clavero y demás regidores comisionados para la apertura, recibiendo la mitad el jurado, sindico y escribanos de cabildo presentes en el acto.

Las mencionadas propinas eran entregadas de forma “Voluntaria” y su coste suponía, a finales del siglo XVIII, un valor aproximado de 20 doblones.

A modo de ejemplo tenemos que a finales del siglo XVIII en Jaén la apertura del archivo municipal con este mismo motivo estaba grabado con 80 reales al corregidor y 75 a cada uno de los demás capitulares que debía satisfacer el interesado.

No sabemos en qué momento el armario deja de existir como tal, debió de ser a finales del siglo XIX o principios del XX cuando el templo sufre sus mayores destrozos.

Los documentos orales más antiguos sitúan la puerta de las tres llaves en el Ayuntamiento de Baeza (Casa del Corregidor) hasta que es trasladado en los años noventa en pleno siglo XX al archivo histórico municipal, hasta que en 2008 es trasladado al actual museo de Baeza.



Nos llama la atención que como remate aparece una imagen de San Miguel, vencedor del maligno, que en su escudo presenta grabada las armas de la ciudad. Hay que tener en cuenta que la devoción a San Miguel en Baeza a pesar de encontrarse suprimida o mejor dicho, haber sufrido una ecología festiva, tiene una larga historia devoción episcopal.

Las virtudes representadas en la puerta son las tres teologales, las cuatro cardinales y una más para completar el número ocho.


Al igual que pasa en el sepulcro de Felipe el Hermoso y Juana la Loca, en la capilla real de la catedral de Granada, donde se añade la “Paciencia”. Aquí no es el caso, pues esta octava se considera de difícil identificación.

En el "Armario de las tres llaves" encontramos las siguientes virtudes:







La virtud de la Justicia, La Templanza, La Caridad, La Fortaleza, La Templanza, La Prudencia, La Fé y "Otra desconocida".

La Virtud de La Justicia





Virtud de la Templanza




Virtud de la Caridad



La virtud de la Fortaleza





La Virtud de la Esperanza



La Virtud de la Prudencia



La Virtud de la Fe



La Virtud Desconocida


Para los cristianos “El arcángel San Miguel” es el protector de la Iglesia y considerado abogado del pueblo elegido de Dios. La Iglesia Católica lo considera como patrono y protector de la Iglesia Universal.

No olvidemos que Baeza es la sede episcopal más antigua de Andalucía y la primera visigoda restablecida por Fernando III en 1227 tras la conquista de la ciudad a los musulmanes, momento en el que el dominico Fray Domingo queda en la ciudad como primer obispo.

Es por ello, por lo que tiene toda su razón de ser que este “armario de las tres llaves” esté coronado con la imagen de dicho arcángel.

Es concebido de manera clásica, como un joven semidesnudo, a pesar de estar vestido de forma parecida a como se representa al dios Marte, con indumentaria militar de época romana. (sea casualidad o no, en Baeza antes de existir la Catedral existió un templo romano dedicado al dios Marte).

Es claramente representado en la rebelión del comienzo de los tiempos, con la espada en alto y pisando al demonio junto a otra serie de ángeles caídos.

 
Detalle del escudo en el casetón

Escudo de Baeza en las manos de San Miguel


Fuentes:


El armario de las tres llaves de la Catedral de Baeza, un interesante discurso de virtudes del Siglo XVI. Autor Pablo Jesús Lorite Cruz

Las escribanías mayores de cabildo en Baeza. Autor Antonio Extremera Oliván.

"LA DOTE"



En este caso, mi artículo trata sobre “La dote” algo que poco a poco va desapareciendo o cayendo en deshuso, pero que en su época tuvo su razón de ser y estuvo muy arraigada en la sociedad baezana.

Me he permitido el transcribir textualmente una tesis doctoral de Dña. Catalina García Martínez que elaboró un gran trabajo y del cual paso a dar constancia sobre el mismo, dado que el trabajo esta basado en una época que transita entre los años 1560-1650.

Podemos decir sin lugar a dudas que el tener una dote significaba un futuro seguro. Sin ella no había posibilidad de casarse, con lo que afirmamos que era un instrumento de la mujer para el matrimonio. Por lo tanto, una de las principales preocupaciones de la sociedad baezana era proporcionar a la mujer los bienes suficientes para que accedieran a dicho estado.


La dote, principal requisito para el matrimonio Las cartas de dote son uno de los documentos que más claramente demuestran la realidad de la época y el papel que le ha tocado vivir a la mujer no sólo en el ámbito social, sino también en un ambiente más íntimo como puede ser el matrimonio y la familia. 


Carta de Dote. Año 1473




Carta de Dote. Año 1829

Como ya sabemos, el objetivo de cualquier dote era el de proporcionar al futuro matrimonio unas rentas que les ayudara en los gastos económicos y en el sustento de su propia familia. 

Estas dotes se componían tanto de dinero, como especie o mixta, es decir, dinero en metálico, propiedades (tierras, casas) y bienes materiales y de ajuar para uso personal o para el hogar. 


En el momento de acceder al matrimonio era, por tanto, necesario tener una dote repleta de bienes que asegurara a la pareja, y especialmente al futuro esposo, una vida lo más cómoda posible. Por lo tanto, estos bienes dotales otorgaban a la mujer un papel importante dentro de la familia con la dote como instrumento. Además, el tener una dote bastante cuantiosa las hacía mucho más atractivas. 

La realidad es que la mujer se mostraba “dependiente” del padre mientras que vivía en el hogar paterno, y del marido, una vez que se casaba con él. En estos momentos el concepto de pater familias, heredado de la época romana, seguía muy presente en la sociedad, de ahí que hubiera un relativo control del hombre hacia la mujer en todo lo que le rodeaba. Por eso en los documentos siempre aparecen expresiones tales como “hija de” o “esposa de”. 

Veamos algún caso que encontramos en cualquier documento de esta época. En la carta de dote de Isabel de los Cobos, su esposo Luis Cantudo explica con quién se casa, de quién es hija y de parte de quién recibe los bienes:

[…me tengo que desposar e velar segun horden de la santa madre iglesia e recebir las bendiciones nuciales della mañana miercoles veinte y uno del presente con Ysauel de los Coboss doncella hija ligitima e natural de Bartolome de la Higuera e Ysauel de los Coboss su mujer sus padres y mis señores suegros vecinos desta ciudad. Por tanto e otorgo e conozco que e recibido e reciuo de presente por bienes y dote y caudal de la dicha mi esposa los que aqui ban declarados…]

A pesar de esa “dependencia” del hombre, es preciso decir que la mujer era “libre” e independiente para tomar sus propias decisiones, como ya veremos cuando estudiemos los testamentos, porque más que nunca era en este tipo de documentos cuando ellas, y solo ellas, decidían sus últimas voluntades. 

La mujer había sido educada para llevar una vida familiar, en el caso de que se casara, o dedicar su vida a la religión, si decidía ingresar en un convento.

También debía cuidar de su esposo e hijos. Actuaba dentro de su familia, en el ámbito privado, llevando a cabo un papel muy importante, ya que no solo trabajaba en casa sino que también cuidaba sus propiedades puesto que esa era la función para la que habían sido educadas desde niñas. 

Esto no quiere decir que no sintieran inquietudes o reflexionaran sobre su situación, prueba de ello la tenemos en los testamentos donde a pesar de las dificultades que encontraban en el ámbito público, escribían su última voluntad, tomaban sus propias decisiones y sobre todo intentaba que se cumplieran. El hecho de que la mujer dispusiera de una dote, hacía en cierta medida difuminar esa dependencia con respecto al hombre, como explica José María Díaz Hernández

La dote por tanto era un elemento imprescindible para casarse y los padres se encargaban de que sus hijas, en mayor medida, tuvieran una cuantía de bienes lo suficientemente interesante para llegar a un buen matrimonio o también para acceder al otro estado en el que podía vivir la mujer: el convento. 

En el Fuero Real, concretamente en el artículo 14 dice: […Ninguno case con soltera sin gusto de su padre o madre, y a falta de éstos, de sus hermanos ó parientes que la tengan en su poder: el que lo hiciere, pague cinquenta maravedis al Rey y cinquenta al padre ó madre, ó al que la tenga en su poder; y sea enemigo de sus parientes…]

Por lo tanto, primaban más los intereses familiares que el amor entre los contrayentes aunque en la mayoría de los casos la convivencia entre los jóvenes, que se desposaban en un primer momento por decisión familiar, desembocara en un matrimonio feliz

A lo largo de toda la documentación estudiada, hemos encontrado algunos ejemplos de escrituras donde se hacía una promesa de dote y que son bastante llamativos. En estos documentos, se promete al futuro esposo la dote de su esposa y se especifican además las cantidades. A continuación mostramos dos ejemplos protagonizados por mujeres. El primero es el de Doña Luisa Gerónima, viuda de Miguel Fernández de Luque, vecinos de Baeza y que viven en la colación de San Vicente: 

[…a servicio de Dios nuestro señor y mediante su gracia esta concertado de casar a Doña Luisa Geronima mi hija con D. Iñigo de Trillo vecino de Ubeda. Por dicho casamiento la dicha Doña Luisa Geronima ha de llevar por bienes de su dote a poder del dicho D. Iñigo para sustentar las cargas del matrimonio cinco mil e catorçe ducados repartidos de esta manera: Dos mil e ochocientos ducados que le pertenecieron a mi hija de la legitima de Miguel Fernandez de Luque su padre.
Dos mil e docientos e catorçe ducados que serán dos mil que yo le dare de mis bienes a cuenta de la legitima los cuales le dare y entregare en la mitad de cinco pares de tiendas que tengo y poseo en la puerta de Toledo en novecientos e seis ducados y unas casas en donde vive Juan Martinez cerrajero a trescientos e dieciocho ducados y otras casas en la collacion de San Vicente en ciento e cinquenta ducados y un censo de docientos ducados y ciento e ochenta e seis ducados en dineros y los docientos e quarenta ducados que quedan de los dos mil e quinientos en bienes de ajuar…]



Por su parte, D. Iñigo prometió en arras quinientos ducados que aportaría al matrimonio, aceptando así dicha escritura. Esto suponía una dote bastante cuantiosa donde se incluía tanto propiedades como dinero, asegurando así un perfecto matrimonio.

Todos estos ejemplos, tratan de dotes bastantes cuantiosas y con ellas elaboran un contrato entre la familia de la novia y el futuro esposo para asegurarse el matrimonio de la mujer y una estabilidad económica por parte del marido. En dicho contrato siempre están presentes familiares del novio y de la novia para hacer efectivo el acuerdo de bienes que entregan a cada una de las partes. 

Presentando las cartas dotales, ellas se aseguraban que se llevara a cabo la boda y él no pudiera arrepentirse puesto que la escritura se había firmado ante escribano.




Fuentes:

Universidad de Jaén. Tesis doctoral “Vivir y Morir en la Baeza Moderna (1560-1650).  Autora. Catalina García Martínez





lunes, 13 de febrero de 2017

CLAUSTRO DE LA CATEDRAL DE BAEZA







La antigua mezquita aljama que existía antes de la construcción de la Catedral ocupaba lo que hoy es el patio, claustro y parte del trascoro.


Profesora Luz Uliarte Vazquez


Según Ulierte Vazquez (1985, p.500) en el clausto los pilares y contrafuertes prismáticos pueden haber sido soportes de las naves transversales de la mezquita que se corresponden con las capillas mudéjares.

P. Vilches hace la descripción del antiguo templo catedralicio, o sea la mezquita que ocupaba lo que es hoy patio, claustros y parte del trascoro. 

El edificio árabe fue ampliado y mejorado por el rey y de su fábrica nos da el historiador la siguiente y puntual referencia:

“ Parte del edificio del emperador don Alonso se conserva hoy al fin de la iglesia y todo el claustro, que tiene ciento y treinta y dos pies de largo y ochenta de ancho, con proporcionada altura, obra de cantería, orden toscano por arista—lo
que entonces se alcanzaba—como también la puerta principal antigua, que hoy llamamos dei Perdón. Pasados muchos años, se zanjó el templo nuevo junto al claustro, salió muy capaz y suntuoso, escede su longitud a doscientos y cincuenta pies, su latitud a ochenta..."


"Adornan este templo veinte y más Capillas, al Claustro diecisiete, todas vistosas y ricas, no sólo de altares, retablos, ornamentos y vasos, con buena arquitectura y rejas, sino también con Ministros..."

 
Alcalde Fernando Viedma


En 1957, siendo Alcalde Fernando Viedma se realiza una restauración bastante considerable en la Catedral, dado el estado de abandono por la cantidad de años que llevaba sin culto.


Fotografía de Cristobal Cruz




Se realiza una obra faraónica en ella: se restauran tejados, el claustro (que estaba cegado), la sacristía, las capillas, las rejas, el coro, etc…

Fotografía de Cristobal Cruz



El Consejo de Ministros aprobó en 1956 una subvención de 250.000 pesetas para la Catedral. En 1957 se recibe el Ministerio de Trabajo otra subvención de 141.815 pesetas.



En 1968 se acomete la restauración del claustro que no se llega a terminar. Hasta esta fecha solo se había intervenido parcialmente y de urgencia en las cubiertas. 


El claustro tenía sus galerías cubiertas por bóvedas de crucería de escayola, muchas de sus capillas se encontraban tapiadas y los muros de las mismas encalados, aunque en alguna de ellas se podían apreciar arcos de herradura lobulados y yeserías. Asimismo la arquería que daba al patio se encontraba cerrada. 

Escolano Gómez en el año 1938 lo describe como “tan pobre, que no precisa adjetivación alguna”.

Es en esta época cuando desaparecen las bóvedas de las galerías, para rehacer las cubiertas en su totalidad.




Se construyó una nueva cubierta inclinada sobre un forjado de viguetas pretensadas y revoltón para sustituir a la antigua estructura de madera.

En 1969 se descubren en el claustro una serie de capillas, de estilo árabe, que van a ser datadas por la Dirección General de Bellas Artes.







El aparejador D. Pablo Ponce Llavero llevó a cabo la obra de reconstrucción y rehabilitación de las mismas.





El claustro catedralicio presenta una planta rectangular y un diseño sencillo. Los pórticos de las galerías presentan arcos apuntados con contrafuertes de prisma que le confieren un aspecto de robustez. 







En el centro se sitúa un pozo.











La galería sur dispone de cinco antiguas capillas abiertas en su muro. La primera de ellas, es de estilo mudéjar, se ubica junto a la puerta del Perdón; la bóveda es de ladrillo y el arco de herradura con yeserías en el interior. La segunda capilla, del mismo estilo, presenta un doble arco de ladrillo, con una enjuta incompleta en su parte superior y las jambas son de piedra y ladrillos alternados; la bóveda vaída es de ladrillo formando círculos concéntricos. La tercera capilla, igualmente mudéjar, es de piedra con arco túmido, bóveda nervada, con dos arcos lobulados y la plementería de ladrillo. La cuarta capilla, es de estilo gótico, presenta una bóveda de crucería con florones policromados y escudos en los arranques y en la clave. La quinta y última capilla de la galería, es mudéjar, con un gran arco apuntado, en se hallan instalados los fondos del archivo catedralicio.
(...) tiene bóveda esquifada de ocho paños, sobre trompas de arco semicircular y arista, con finos nervios. Sobre las trompas hay adornos de yesería morisca, formando atauriques e inscripciones árabes cursivas que repiten la frase "La gloria a Dios" y, además, angelillos, etc.


Descripción de la quinta capilla por Francisco Escolano Gómez.
La galería este, se compone por tres antiguas capillas que en la actualidad ocupa la sacristía, con acceso directo al templo.

El claustro se completa al oeste, con una sala capitular, que fue biblioteca del antiguo seminario, y otras dos salas que sirven como museo y en la que se exponen, libros de coro, casullas, cálices, un magnífico alabastro policromado del siglo XVII con talla de la Piedad, entre otros.



Fuentes:


Morfología macroscópica de alteración de la piedra de la Catedral de Baeza. Universidad de Sevilla
La Catedral de Baeza. Autor: José Chamorro Lozano
Baeza de 1950 a 1970. Autores: Josefa Inés Montoro y Fernando Viedma Puche

Baeza Restaurada. Tesis Doctoral. Milagros Palma Crespo

sábado, 11 de febrero de 2017

VESPASIANO FUNDADOR DE BIATIA



Emperador Vespasiano



Fue fundada en época romana por Vespasiano con el nombre Vivatia o Biatia, y fue incluida en la Hispania Citerior.  





En el S.I fue adscrita al Conventus Cartaginensis de la provincia Tarraconense, dependiendo administrativamente de Cartago Nova y económicamente de Cástulo.

Cartago Nova (Murcia)





Durante la época romana jugó un papel importante cuando se le otorgó la categoría de municipio Flavio (alto rango administrativo en la comarca), en aquel entonces a Baeza se le conocía como Vivatia y estaba situada en la vía de comunicación que daban paso a la plata que iba de las minas de Sierra de Morena a la costa oriental. Al final del Imperio Romano recoge el testigo de capitalidad que ostentaba Cástulo (Linares), en este instante Baeza se llamaba Biatia o Beatia.


En el 203 d.C. , Baeza era una típica ciudad romana y los vivatienses se sentían ciudadanos del Imperio Romano.


Fuentes:
http://talent.paperblog.com/baeza-jaen-3232811/

Al Bayyasi el último emir árabe que tuvo Andújar

al-Bayyasi ayudó a Fernando III a tomar algunas localidades giennenses como Montejícar, Pegalajar o Mengibar. Pero antes de abandona...