domingo, 18 de septiembre de 2016

ENRIQUE ROMERO DE TORRES Y SU CATÁLOGO MONUMENTAL



Enrique Moreno de Torres




En 1913, cuando se cumplía el primer centenario de la Diputación Provincial de Jaén, se puso en marcha el trabajo de investigación para la publicación del “Catálogo monumental de Jaén”.




La idea de los Catálogos Monumentales de España surge en el seno del Ministerio de Fomento, en junio de 1900, mediante un Real Decreto que establece el mandato de “llevar a efecto la catalogación completa y ordenada de las riquezas históricas o artísticas de la nación”.

La formación del Catálogo correrá a cargo de personas propuestas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como garantía de que reúnen la competencia y las condiciones necesarias para la feliz realización del encargo y que en un principio recaerá en una sola persona a fin de que domine la necesaria unidad de criterio.

El Catálogo de la nación comienza por la provincia de Ávila en 1901, pero no será hasta 1913 cuando le llegó el turno a la provincia de Jaén.


El 30 de enero de 1913 se le encomienda dicha tarea al cordobés Enrique Romero de Torres, que venía avalado por su puesto como director del Museo de Córdoba y por la realización del Catálogo Monumental de Cádiz.

En su informe exponía las necesidades provinciales en materias como Monumentos, centrándose en Úbeda, Baeza, Jaén y Andújar: “Nuestro patrimonio monumental con ciudades tan interesantes para la historia y para el prestigio de nuestra provincia como Úbeda, Baeza, Jaén y Andújar en las cuales están enclavados la mayoría de nuestros monumentos nacionales, bien merece un constante celo. Máxime cuando la mayoría de estos monumentos se encuentran en el mayor abandono, muchos de ellos en ruinas y todos, por tanto, pendientes de nuestro interés. Por ello, ha comenzado a velar este Servicio de Patrimonio Artístico de la Excma. Diputación Provincial, encareciendo a la Dirección General de Bellas Artes las obras que para su defensa y conservación demandan”.

Se planteaba igualmente en su informe, la creación de un Museo Arqueológico Provincial “en donde figure aquello que la provincia de Jaén puede exponer como singular en el mundo, o sea su requiza ibérica”.

Por el informe que redactó Enrique Romero de Torres, podemos observar el lamentable estado en el que estaban los monumentos de Baeza en 1913, que nada tiene que ver con el estado actual de nuestros monumentos, los cuales han sido restaurados con posterioridad.

Enrique Romero de Torres aún siendo natural de Còrdoba, tras conocer las ciudades de Baeza y Úbeda se percató de la importancia de recuperar sus monumentos dada la importancia que habían tenido éstos a través de la Historia de España.

Es por ello, por lo que he querido hacer mención de esta persona en este nuevo artículo de Baeza, Fotografía e Historia, pues si bien hoy podemos disfrutar de unos monumentos tan bellos como los que cuenta esta bella ciudad, en buena parte, se lo debemos a Enrique Romero de Torres.

Dado lo exntenso de su obra "Catalogo Monumental de la Provincia de Jaén", me he querido centrar sólo en aquello referente a la Ciudad de Baeza (Volumen 2) y en las fotografías que realizó en aquella época.

Muchas de estas fotografías que expondré a continuación, serán reconocidas por nuestros lectores y todas ellas, se las debemos al informe que realizó en 1913 Enrique Moreno de Torres.


FOTOGRAFIAS 

























INFORME SOBRE LA CIUDAD DE BAEZA
































































Fuentes:

file:///C:/Users/HP/Pictures/BLOG%20BAEZA/por%20determinar/Dialnet-ElValorMonumentalDeLaProvinciaDeJaenEnSuExpresionE-4417124.pdf


http://aleph.csic.es/imagenes/mad01/0010_CMTN/html/001359489_V02T.html#page/4/mode/2up




miércoles, 14 de septiembre de 2016

VIRGEN DE LA PEÑA DE BAEZA (DESAPARECIDA)

Cuando publiqué mi primera investigación sobre la desaparecida Virgen de la Peña de Baeza me pareció tan interesante su historia que no dejé de seguir investigando sobre ella. No me ha sido fácil localizar nuevos datos que arrojen luz si al día de hoy todavía existe dicha virgen, pues los datos son contradictorios dado que desapareció "supuestamente" durante la ocupación francesa.




De igual forma tenía un especial interés en localizar dicha fuente y conocer su estado de conservación (lamentable por cierto).





Pienso que Baeza como ciudad Patrimonio de la Humanidad debe cuidar más todos estos "lugares", pues también forman parte de su historia. Una historia muy bonita y que ahora os deseo transmitir.







Esta es una de las fuentes rurales nombradas por Fernando de Cózar y Martínez en su Historia de Baeza publicada en 1884, pero su antigüedad es bastante mayor. 

El mismo Cózar refiere en su obra cómo en 1592 la Virgen de la Peña fue hallada en “una cueva junto a la fuente de la Peña, camino de Baeza a Jaén; esta efigie antiquísima, según lo revela su escultura romana, debió ser escondida en aquel sitio por los cristianos cuando los árabes invadieron la península a principios del VIII”. 

El hallazgo fortuito de una imagen supuestamente anterior a la dominación islámica constituye un origen común con otras advocaciones de la ciudad, como forma de reivindicar la restitución del antiguo obispado de Biatia: así, la patrona, Nuestra Señora del Alcázar, la Virgen del Rosel y la Virgen de los Mártires.


La Virgen de la Peña no llegó a ser patrona de la ciudad, pero recibió culto solemne por parte del Concejo, ya que esta institución le levantó capilla propia en el extinguido convento de los Mínimos de San Francisco de Paula y ejerció derecho de patronato sobre ella, hasta que a finales del siglo XVII se arruinó dicho recinto y la imagen se trasladó a un camarín, seguramente propio de la familia Benavides, dueña de la capilla mayor de dicho templo. 


Según Mª Cruz García Torralbo, fue hallada por tres individuos que realizaban unas prospecciones ilegales en el Camino Real para buscar un manantial; desde aquel momento se tuvo “por cosa cierta que sea una de las que los cristianos escondieron en la entrada de los moros en España”.




Por su parte, Ximena Jurado, coetáneo a los acontecimientos, escribe en su Historia eclesiástica del reino y obispado de Jaen….: En el siguente año de 1592 por el mes de Agosto se manifestó y halló la devotísima Imagen de Nuestra Señora de la Peña, que se venera en el Convento de San Francisco de Paula, que llaman de la Victoria, en la Ciudad de Baeza, la qual se descubrió en el camino de Jaén en la Fuente de la Peña, metida sobre unas peñas en una cueva dentro de una caxa de piedra. Y se entiende ser vna de las Imágenes que los cristianos escondieron cuando la Pérdida de España.

Durante años, según se viene asegurando, la imagen estuvo en poder de particulares: un notario de Úbeda, el Arcediano y un escultor, quien la colgó en un clavo debajo de una parra en su domicilio, hasta que el noble y veinticuatro baezano Juan de Acuña y Valenzuela, se la quitó de las manos a una de sus nietas, la que jugaba con ella como si se tratare de una muñeca, colocándola en una hornacina.

A la muerte de esta familia, fue adquirida por el licenciado Francisco de Godoy, cofrade del convento de Nuestra Señora de la Victoria, quien la donaría con escritura pública al convento de los mínimos, mientras la ciudad pleiteó por su permanencia, alegando la titularidad del lugar donde se hallara.

Tras largo proceso y reconocido el derecho a los frailes, extendida su fama milagrosa, se le dio el nombre de la Virgen de la Peña, dado el lugar de su aparición y reconoció su patronazgo sobre la ciudad. Era 1616.

No queda a la zaga el testimonio que ofrece Rus Puerta, quien nos dice que “fue hallada un cuarto de legua junto al camino real de Jaén, en el sitio que llaman Fuente de la Peña, por el mes de agosto de 1592, buscando en una cueva un tesoro por las señas de una cédula que de grande antigüedad había venido de mano a mano a las de un arcediano de Baeza. Halláronla en una caja de piedra con unos papeles que entre las manos se deshicieron, sin poder leerlos".

Por cuanto a nosotros hace, sólo traer la noticia que diera López Pinto, cuando registra que el padre Juan Francisco de Villaba, párroco que fuera de Jabalquinto, aparte de su trabajo sobre la Santa Cruz de las Navas de Tolosa y el libro “Empresas morales y espirituales”, escribió también en particular Discurso del hallazgo de la Santa y Milagrosa imagen de la Virgen de la Peña, junto a la ciudad de Baeza, obra que no nos consta que fuera impresa, ni que sepamos, se conserve el referido manuscrito.







De ella, según cuenta, se sirvió el “Padre Fray Juan de Morales Cronista del Empitome que escribió de la fundación de la Provincia de la Andalucía, de la orden de mínimos del glorioso Patriarca San Francisco de Paula, quienes, en suma, ofrecen la siguiente tradición:

Que Juan de Vera, escultor, Francisco Truchado, Bedel que fue de las escuelas de Baeza, y el Licenciado Palomino clérigo vecino de Úbeda fueron a la Fuente de la Peña, término de la ciudad de Baeza por baxo del chercano camino de Jaén. Y comenzando a cavar en el sitio que les asigno una P(…) que lleuauan; y descubriendo vn edificio, al presente muy antiguo fabricado de Piedra labrada (a modo de Pila) cubierto y tapado con vna Losa grande asimismo labrada dentro de la cual hallaron una imagen de nuestra Señora con un niño en los brazos, labrada de talla de estatua de poco mas de dos tercias.





Es muy hermosa aquella santa imagen, aunque algo maltratada del tiempo pues paresce que de tiempo de Godos se ocultó allí: así como las demás imágenes, y Reliquias de Sanctos que por miedo a los Arabes fueron ocultadas como referí arriba. Y que aya sido de tiempo muy remoto lo dicen los papeles o Pergaminos que se hallaron tan podridos, y consumidos del tiempo que no dieron lugar a poder ser leydos.

Está hoy en Sancta imagen en el convento de la Victoria (frayles mínimos) de la ciudad de Baeza, colocada en una hermosa Capilla de que son Patronos la misma ciudad.

Antes de concluir, sólo registrar nuestra extrañeza ante el hecho de que las autoridades locales baezanas, tan interesadas en soleminar el culto a esta imagen y cuyo patronato presidían, frente a lo que fuera usual en las más de las villas y lugares, no dispensaron un tratamiento ornamental o símbolo especial a la fuente y a sus aguas-durante un tiempo tenidas como milagrosas-y siguió siendo, como lo es en la actualidad, una sencilla fuente rural con pilar abrevadero. Mas aún, resulta sorprendente que, frente a lo que es común, como hemos visto, no se convirtiera el lugar en espacio sacralizado, que el símbolo sagrado no lo transformara; algo que dota a la ciudad de Baeza de una idiosincrasia especial, con el encuentro de cuatro vírgenes sotorradas, todas ellas dentro del espacio urbano, ningúna con ermita o santuario edificado para su custodia y veneración, y cuyo culto y devoción alimentan-excepto a la Virgen del Alcázar, que pertenece al clero regular- las órdenes religiosas más influyentes de la ciudad: Virgen de la Peña, de mínimos (1592; del Rosario, dominicos; y de los Mártires, jesuitas, descubierta también por un familiar de ellos (1633) y como las referidas, excepto la del Alcázar, muy anterior, en la época barroca.




Una vez más, Baeza, la ciudad toda, resulta un espacio plenamente sacralizado.
Y mas aún. El hecho de que, desde su descubrimiento y durante años, la imagen de la Virgen de la Peña pasase por diversas manos privadas, las que no le otorgan ningún trato especial, nos muestra un caso plenamente atípico: la aparición no estuvo unida a manifestación sobrenatural alguna, ni es icono que pretenda difundir su devoción convirtiéndose en signo o referente como intercesor-igual le acontece, como recordaremos, a la también imagen baezana del Rosario.


Tras 1808, con la invasión francesa, desapareció la imagen desconociéndose las circunstancias. Es creencia popular en la población, la que sostiene algún historiador que la imagen fue trasladada al convento de la Encarnación, de carmelitas descalzas, hecho improbable puesto que las monjas abandonaron el convento ese año; con su pérdida concluye el patronazgo de la citada Virgen sobre la ciudad, vigente durante casi dos siglos. 



FOTOGRALERIA














LOCALIZACIÓN






lunes, 12 de septiembre de 2016

CRISTOBAL DE OLID.


Grabado de Cristobal de Olid





Cristóbal de Olid, de Oli, de Olide, de Olite o Dolid era andaluz. Nació en 1488 en Baeza, de la diócesis de Jaén, población rica en cebada, trigo y vino, conocida por sus jabones y carnes, abundante en aguardientes, cebollas dulces y aceites. (Como ha sucedido en otras ocasiones, sitúan erroneamente la ciudad de nacimiento de este en Linares y no en Baeza)

Pertenecía al linaje de los Olid de Navarra, cuyo escudo se componía de una media luna de plata en campo azul y al pie de ella una estrella de oro. 



Cristobal de Olid era descendiente de uno de los Olid que participaron en la reconquista de Baeza en 1227.

Cristobal de Olid tenía 30 años cuando se embarcó hacia América, a bordo de una de las tantas carabelas dirigidas al nuevo continente en busca de fama y fortuna.

En 1518 Olid residía en la villa de Trinidad, había sido paje del gobernador Diego Velázquez y conocía muy bien la lengua de los indios de Cuba.

Al no tener noticias Velázquez de la expedición enviada por él al mando de Juan de Grijalva, el gobernador envió a Olid con siete soldados a buscarlo. Al estar cerca de Yucatán, la carabela de Olid fue sorprendida por un temporal por lo que tuvo que regresar a Santiago de Cuba a informar del desastre al gobernador.



Al regresar Grijalva con noticias de la riqueza de las nuevas tierras, Velázquez planea otra incursión de conquista en los nuevos territorios descubiertos. Esta vez, Hernán Cortés estaría al mando. La expedición parte de Cuba el 18 de noviembre de 1518 con rumbo al norte, donde en la Villa de Trinidad le esperaban varios intrépidos jóvenes, entre ellos los hermanos Alvarado y Cristóbal de Olid. La expedición parte finalmente hacia tierras mexicanas el 10 de febrero de 1519 formada de nueve barcos, uno de los cuales comandado por Olid.




El jueves Santo de 1519, Olid fue nombrado maestre de campo y posteriormente, al nombrarse las autoridades del primer ayuntamiento de la Villa Rica, Olid resultó electo regidor.


 A partir de entonces Cristóbal de Olid se mostró como uno de los capitanes mas esforzados de Cortés durante el periodo que duró la conquista de México. 


La iluminación de las Crónicas de Michoacßn , de Pablo Beaumont , c1750 



Acompañó a este a enfrentar a Pánfilo de Narváez el 4 de mayo de 1520, donde una vez mas se destaca en combate al embestir a la artillería y someter gran parte de las tropas de Narváez.

De regreso a la ciudad de Tenochtitlán las tropas de Cortés, ahora fortalecidas con aquellas traídas por Narváez, son sitiadas dentro de uno de los palacios de la ciudad, de donde pueden escapar con grandes dificultades, en la conocida Noche Triste en donde una vez mas, Olid se vuelve a distinguir por su fiereza en el combate.

Parte de una de las «Tablas de la Conquista» que representa la «Noche triste» de Hernán Cortés



Los sobrevivientes de la Noche Triste se refugian en Segura de la Frontera (Tepeaca), donde Cortés reorganiza sus tropas y comienza los ataques de las poblaciones aledañas a Tenochtitlán para establecer un cerco de asedio sobre la capital azteca. 

Cristóbal de Olid parte al frente de 300 hombres (la mayoría de aquellos que venían con Narváez) para someter la población de Izucar y sus alrededores. 

Los hombres que le acompañaban, al ver la ferocidad de los mexicas en guerra, comienzan a pensar en replegarse y logran finalmente convencer a Olid de que se retiren a Cholula, desde donde escribe a Cortés informando de la situación. 

Este último le envía dos ballesteros únicamente con una carta en la que lo reprende por haberse replegado, lo que enoja a Olid por haberse dejado convencer por los temerosos y emprende con mayor coraje las nuevas batallas hasta someter con éxito Izucar. Es recibido finalmente por Cortés en Tepeaca con gala por su destacado empeño en combate, con lo que vuelve a obtener el favor del Capitán General de la Nueva España.

Moctezuma II , Hernán Cortés , Pedro de Alvarado , Gonzalo de Sandoval y Cristóbal de Olid . grabado coloreado



Posteriormente Olid emprende acciones de combate asentado en Coyoacán, desde donde dirige incesantes ataques sobre la metrópoli azteca, hasta que finalmente Tenochtitlán es conquistada.

Cortés, teniendo noticias seductoras sobre el oro de las tierras de Michoacán envió a Cristóbal de Olid al frente de 70 jinetes y 200 peones bien aderezados. 

Salió de Coyoacán a mediados de 1522 y somete fácilmente las provincias Michoacanas, obteniendo grandes botines de oro y plata. Cortés, viendo el éxito que tuvo Olid en estas campañas, lo envía a someter Colima, tarea que resultó mucho mas dificil, ya que hubieron grandes bajas de ambos bandos y finalmente Olid regresa a Michoacán y posteriormente a México.


El viaje a Honduras

El paso hacia el mar del sur consumía la mente de Cortés. Quería éste encontrar el paso interoceánico entre el Atlántico y el Pacífico, ampliar su jurisdicción, rescatar y poblar en tierras ricas (según comerciantes aztecas). Por lo que acordó enviar a Cristóbal de Olid a Hibueras (Honduras) el 11 de enero de 1524, al frente de 370 soldados, 100 ballesteros y escopeteros y 22 caballos, dándole cinco navíos y un bergantín.




Cortés había dado instrucciones a Alonso de Contreras de adelantarse a la expedición de Olid para comprar caballos, pan cazabe, puercos y tocinos, para que al llegar Olid a La Habana entrase en posesión de estos bienes. Las órdenes de Cortés a Olid fueron las siguientes:

1. Que fuera de Veracruz a La Habana y se encontrara con Alonso de Contreras para obtener los bienes que fue a comprar.

2. Que al desembarcar en Hibueras procurase poblar una villa en algún buen puerto.

3. Que buscase oro y plata.

4. Que inquiriera sobre si había estrecho que comunicara a la mar del sur.

5. Que los dos clérigos que llevaba adoctrinaran a los nativos.

6. Que destruyese todas las casas en donde tenían prisioneros los indios.

7. Que levantase cruces por todas partes.



Algunos historiadores han sugerido que en el camino a Veracruz, y posteriormente hacia Hibueras, el capitán Pedro de Briones, enemigo de Cortés, sembró en Olid la semilla de la traición pues al encontrarse en La Habana Olid con Montejo (quien volvía de España), Olid mostró profundo resentimiento contra Cortés, quejándose de los malos tratos que éste le había dado.

Por ello en La Habana se puso de acuerdo con Diego Velázquez para desvincularse de Hernán Cortés, aliándose con el gobernador de Cuba para la empresa de la conquista de las Hibueras."Por Su Majestad y en su real nombre Cristóbal de Olid y que Diego de Velázquez le proveería de lo que hubiese menester y haría sabedor de ello en Castilla a Su Majestad para que le traigan la gobernación"(Bernal Díaz del Castillo).

Así partieron a la mar con destino a Honduras, donde desembarcó Olid con su gente el 3 de mayo de 1524 y fundó la primer villa con nombre Triunfo de la Cruz. Posteriormente procedió a nombrar alcaldes y regidores.

Después comenzó a incursionar desde Triunfo de la Cruz hacia adentro con 160 hombres de a pie y de a caballo, pacificando fácilmente la tierra e imaginando las grandes riquezas de las que se haría acreedor y el reconocimiento que ganaría por sus logros y hazañas.

Ocho meses habían transcurrido desde la partida de México de Olid cuando Cortés supo de la traición de éste por varios informantes, entre los que estaba el factor Gonzalo de Salazar, quien había recogido las noticias en La Habana y llegó a Veracruz el 13 de octubre de 1524.

Es así que Cortés, enfurecido por la sublevación de quien antes fuera su fiel capitán, envió a su primo Francisco de Las Casas por mar a castigar a Olid, quien se había aliado entonces con Gil González Dávila.

Tuvieron lugar grandes batallas tanto por mar y por tierra por ambos bandos, hasta que una terrible tempestad azotó los barcos de Las Casas, acabando con muchos barcos y soldados, dejando a los más en condiciones deplorables. Cristobal de Olid los recibió de muy buena gana, con lo que ganó varios soldados de Las Casas, a quien tomó prisionero.

Siguió adentrándose en el territorio Olid, cuando se enteró que González Dávila estaba por la zona, por lo que aprovechó para tomarlo prisionero por no haberle socorrido en contra de Francisco Las Casas.

Posteriormente se dirigió a la provincia de Naco, al occidente de Triunfo de la Cruz, donde Olid se pasaba el día contando sus hazañas en México y Michoacán, comiendo y bebiendo a placer. Mientras González Dávila y Francisco de Las Casas, aunque prisioneros de Olid, andaban sueltos y sin prisiones ni guardas, por lo que muy secretamente se concertaron con los soldados y amigos de Cortés diciendo "¡Aquí el Rey y Cortés en su real nombre, contra este tirano!", y acordaron matarle a cuchilladas (Rafael Heliodoro Valle).

Francisco de Las Casas pidió a Olid permiso para ir a México a persuadir a Cortés que le dejara la gobernación de Hibueras y olvidara las antiguas rencillas. A lo que Olid contestó: "Estoy bien así, ¡y que me place tener a un tan varón en mi compañía!. A lo que Las Casas contestó medio burlando y riendo: "Pues mire bien por su persona, ¡que un día u otro tengo de procurar de matarle!" (Pedro Moreno).

Habían transcurrido treinta días desde la captura de Las Casas y aún seguían en Naco junto con González Dávila todos ellos "holgando, comiendo y habiendo placer" (Pedro Moreno). Un domingo por la noche, Olid y sus "prisioneros" terminaron de cenar y conversaban sobre México y las aventuras de Cortés, cuando Olid fue atacado o por Las Casas mientras los demás comensales adictos a Cortés echaban mano a las espadas y "le dieron muchas cuchilladas y estocadas".

Olid no murió con estas estocadas y salió huyendo hacia el monte, donde se escondió mortalmente herido bajo un árbol. A la mañana siguiente fue encontrado aún con vida por Francisco de la Muñana, quien lo llevó a un sacerdote para que le tomara la confesión, y como Las Casas pidiera lo entregaran ante su presencia, fue finalmente sometido a un simulacro de proceso, le degollaron y pusieron su cabeza sobre un palo colgada por la boca. Al mediodía siguiente enterraron su cadáver.

Así murió Cristóbal de Olid, conquistador de México y Honduras. En un inicio fiel capitán de Hernán Cortés y posteriormente gran enemigo de éste, a quien causó muchas desgracias por su traición. A la vez que fué esta misma la que ocasionó su propia muerte.

"...Cristóbal Dolid, defunto, que Dios perdone..." (Rodrigo de Vargas).







BIBLIOGRAFÍA:
Díaz del Castillo, Bernal: Historia verdadera de la conquista de Nueva España. Ed. Plaza Janés, España 1998, 479 pp.
Heliodoro Valle, R.: Cristóbal de Olid. Conquistador de México y Honduras. Sociedad de Estudios Cartesianos 5. México 1950, 316 pp.
Martínez, J. L.: Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica-UNAM. México 1991, 1009 pp.
Presscott, W. H.: Historia de la Conquista de México. CIA. General de ediciones, México 1952, 283 pp.



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