domingo, 23 de abril de 2017

LA CAPILLA DE SANTA ANA Y LA CASA DE RECOGIMIENTO


Portada Capilla de Santa Ana. Fotografía de Juan  Ledesma


La capilla de Santa Ana está ubicada en la Calle Santa Ana Vieja y es de finales del siglo XVI.

Esta capilla de estado "casi ruinoso" en la actualidad, estaba añadida a una casa de recogimiento y regentada por monjas.



La Casa de recogimiento fué demolida y convertida en pisos 


Este edificio de viviendas era la casa del canónigo Juan de Mendoza, el cual decidió transformarla en un lugar para recoger mujeres. 

Tal fue la fama de este recogimiento que, según las crónicas, el Consejo Real de Castilla mandaba aquí a las mujeres más perdidas para que tomaran ejemplo de las virtuosas beatas. 




Estas mujeres, dedicadas a la oración y a la penitencia, se sustentaban de limosnas y de su propio trabajo.








Durante su existencia la capilla ha sufrido diferentes modificaciones, los reiterados hundimientos de su techumbre han motivado que poco se conserve de este ilustre lugar.

Actualmente, ocupa una superficie de ciento ochenta y cuatro metros cuadrados y es de una sola nave.

Su situación es de total abandono y ruina. Así sus techos están completamente hundidos; quedando aún restos del coro, del altar mayor de la sacristía y de un patio posterior, así como de una cripta.







VER GALERIA DE FOTOS EN ESTE ENLACE: 

https://flic.kr/s/aHskTvPHcm







Desde la calle podemos ver su sencilla portada, consistente en un arco de medio punto sobre resaltada imposta y pilastras cajeadas. Se remata con un frontón, en cuyo interior aparece una hornacina que acogería la imagen de la Santa titular.





Hasta 2010 perteneció a los Marqueses de Bussianos según se desprende del estudio realizado por Pablo Jesús Lorite Ruiz (EL COMPORTAMIENTO FESTIVO DE LA COLEGIATA DE SANTAMARÍA DEL ALCÁZAR Y SAN ANDRÉS DE BAEZA A TRAVÉS DEL LIBRO DE CAPELLANÍAS DE 1745)

Desde 1995 hasta 2010, tanto Ramón Escavias de Carvajal y Acuña como su hijo Ramón, tras infinidad de viajes realizados a Madrid, llamadas telefónicas y conversaciones mantenidas con sus propietarios, parece ser que llegaron a un principio de acuerdo (que al parecer no llegó a consolidarse) para que esta capilla fuese donada a la Asociación Cultural para el Estudio y Formación, Santa Anta, San Isidoro y San Fernando (ACEF sasif), para uso de ella y de la Cofradía del Stmo. Cristo de la Buena Muerte de Baeza.

Dentro de la expansión de la creencia en la pureza de María y enmarcada en el ámbito de las representaciones de temática concepcionista que normalmente anteceden a la iconografía de la Inmaculada Concepción desarrollará un papel muy importante la devoción a Santa Ana, que contará con un gran auge en toda la geografía gienense.

Un ejemplo de ello lo encontramos en el recogimiento de mujeres de Baeza que se pone bajo la protección de la Abuela de Cristo, Santa Ana.

También encontramos que en la Iglesia de San Francisco de Baeza existía la Capilla de Santa Ana. Esta capilla gozó de gran popularidad porque en ella estaba la Cofradía de Nuestra Señora y  del Cristo de la Yedra.

Con la beneficiencia, la sociedad baezana desarrollará obras de caridad tales como ayudar a los pobres y entregar donativos para los más desfavorecidos.  Una de estas instituciones fue el Recogimiento de Santa Ana.

Un recogimiento era el lugar donde ingresaban aquellas mujeres que no lo habían tenido fácil en la sociedad y que se habían dedicado bien a la prostitución o a la mendicidad.

Pero estos recogimientos no solo albergaban a estas mujeres, sino que también podían ingresar aquellas otras que estaban esperando la anulación matrimonial, hijas de familias rebeldes, viudas, pobres o mujeres que habían roto con su antiguo modo de vida e ingresaban voluntariamente.

El recogimiento de Santa Ana recibía muchas donaciones para sustentar los gastos de las mujeres que allí residían. De hecho encontramos muchas mandas testamentarias donde se otorgaban ayudas a esta institución baezana. Es el caso de Doña María Messia y Galeote que entregaba a “las recogidas del recogimiento de Santa Ana cinquenta reales para ayuda a sustento”  (A.H.M.B. Testamento de 19 de abril de 1648. Protocolo Notarial de Alonso de la Maestra).

Destacamos el testimonio de Catalina García, la cual estaba recluida en dicho recogimiento y entregó gran parte de sus bienes a la institución que la había ayudado y alimentado. En el momento de repartir dichos bienes explica lo siguiente:

[…declaro que estoy en el dicho recogimiento a ocho dias del mes de abril
proximo pasado y este presente año de mill e seiscientos y seis y la presente casa me ha sustentado y alimentado de todo lo necesario […] Mando a la dicha casa de señora Santa Ana el quinto de mis bienes…].

Como vemos en el caso de Catalina, esta casa ayudaba a las mujeres recogidas allí a continuar con una vida digna y éstas en agradecimiento dejaban gran parte de sus bienes para ayudar a otras que residían en dicha institución. Nos parece interesante mencionar a continuación algunos puntos del estatuto de dicho Recogimiento donde se dictan las obligaciones de las mujeres que ingresaban en él:

1º-Las que por la Misericordia de dios salieren de los peligros del mundo y binieren al rrecoximiento de aquesta santa casa a los primeros dias de su benida se dispondran para hacer una confesion general de los pecados de toda su vida con qual quiera de los confesores que por nos les sea mandado para que con ella dando de mano a las cosas pasadas den principio a una nueba y fervorosa bida.

2-Procuren de todo punto olvidar el mal lenguaje del mundo y guardar en sus personas palabras y trato toda honestidad y modestia nunca diciendo palabras livianas ni cantando cantares profanos y mucho menos deshonestos ni tratando de las cosas del mundo que puedan turbar la paz y quietud de conciencia que se biene a buscar a esta casa.

En las dos primeras reglas, el objetivo era olvidar su vida pasada y para comenzar esta nueva vida debían entrar limpias de pecado para comenzar desde cero hacia un futuro mejor. De ahí que debían confesar y olvidar la mala actitud que habían llevado cuando estaban fuera del Recogimiento. En estas normas debían cumplir un horario para levantarse y además señalaban cómo debían comenzar el día. Así en la regla número 9 de su estatuto decía lo siguiente:

En el ynvierno sean de levantar todas a las cinco y media y en el verano a las quatro de la mañana fuera de las que por alguna enfermedad a la superiora pareciere que se levanten mas tarde y media hora después de averse levantado tendran una hora de oracion todas juntas en el coro en que rreçeran el rrosario de nuestra señora pediran a dios gracia para no ofenderle aquel dia ofreceranle todas las obras que hicieren como seran instruidas en la platicas que se dira para enseñarles estas y otras cosas se le an de hacer cada mes.

Como vemos, el día para estas mujeres comenzaba muy temprano iniciándolo con una oración para dar gracias por todo lo que les estaban enseñando para ser mejores personas. A cambio de esto, ellas tenían que colaborar con su trabajo como así lo mandaba la regla número 11:

11. Para escusar y sin la diossidad quien la fuente de todos los vicios y para ayudar con el trabajo de sus manos al sustento de la casa todas en el ynvierno de las seis y media hasta las once y en el verano desde las seis hasta las diez y media acudan a la casa de lavor donde cada una haga con toda diligencia lo que por la superiora le fuere mandada y ninguna salga de alli hasta que sea ora de dar de mano todas al trabajo sin licencia de la superiora o de la que estubiere en su lugar y para alivio del trabajo y provecho de sus almas lea la que la superiora mandare con libro de boto de vidas de santos vna hora por la mañana y otra ora por la tarde el qual todas oyran con mucha devocion y quietud.

Tras estas duras jornadas de trabajo tenían que volver a sus habitaciones
una vez que sonaba la campana como así muestra la regla 16:

16. En haciendose la señal con la campana a acostarse que a de ser a las diez en berano y el ynvierno a las honce todas acudan con puntualidad al dormitorio y guardando en el suma quietud y silencio se desnuden con toda honestidad y modestia y con ninguna ocasion se consienta que dos aunque sean hermanas y de poca hedad se aquesten a dormir en una cama.

De esta manera, las mujeres que vivían en el Recogimiento debían seguir unas estrictas normas que les ayudarían a reformarse y comenzar una vida muy diferente a la que habían tenido hasta este momento. También existían unas normas que debía seguir la superiora encargada de esta institución, ya que dirigía un lugar donde se asistían a mujeres a las cuales debía cuidar y alimentar. Por este motivo tenía que llevar una buena organización del centro y entre sus funciones, como refleja la regla número 3, destacamos las siguientes:

3. No permita que entre ninguna sin que los deudos o los que la trajeren se obliguen a los alimentos y si alguna fuere trayda por orden de la justicia al rrecoximiento procure que el juez o jueces que la imbia obliguen a los hombres que son o fueren la causa de su benida a que hagan obligación de alimentarla el tiempo que estubiere en esta casa y si por ninguno de estos caminos ubiere quien le de alimentos escrivase en el libro.

Por lo tanto, cada mujer que ingresaba en esta institución debía asegurarse al menos su alimento, siendo éste uno de los requisitos fundamentales para poder vivir aquí. Además, la superiora debía llevar un control de cada mujer que entraba, las donaciones que recibían, censos y hacer que se cumplieran todas las reglas del Recogimiento para su buen funcionamiento como así se expresa en su regla número 5:

5. El principal oficio y la mayor obligación de la superiora y sobre que se le encarga la conciencia es procurar con todos los medios posibles que con tal exacción y puntualidad se observen estas constituciones y rreglas porque de
aquesta puntual y exacta observanzia de las rreglas depende el concierto y buen gobierno de la casa y el provecho temporal y espiritual de todas las que estan en ella.

Así pues, el Recogimiento de Santa Ana ayudaba a muchas mujeres que se encontraban en una situación difícil y sobre todo, a aquellas otras que estaban dispuestas a cambiar esta situación. Aquí se les guiaría en otro tipo de vida en el que encontrarían una paz que quizás antes no tenían. Por tanto, la labor del Recogimiento era muy importante sobre todo porque se encargaban de aquellas mujeres que tenían problemas, en muchos casos graves, y que por ellas mismas no sabían o no podían solucionar.



Fuentes:


La Inmaculada Conccepción a través del patrimonio de franciscanos y dominicos en el Reino de Jaén. Autor Felipe Serrano Estrella (Universidad de  Granada)

http://ruja.ujaen.es/bitstream/10953/739/1/9788416819300.pdf





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