viernes, 21 de abril de 2017

BAEZA. UNA POTENCIA ECONÓMICA DE LA PROVINCIA EN LA EDAD MEDIA



Baeza, era una de las  cuatro grandes ciudades del antiguo Reino de Jaén, junto a Jaén, Úbeda y Andújar. Concentraron en sus respectivos recintos y jurisdicciones (entre los siglos XII y XIV), la mayor parte de los efectivos humanos y recursos económicos de la provincia.

Destacó entre estas cuatro ciudades Baeza sobre las demás, tanto por sus recursos económicos como por su influencia política en permanente competencia con Jaén.

Alfonso VIII


En los propios umbrales de la Reconquista era sede y cabeza de Reino, lo que le hizo destacar especialmente entre las poblaciones del Valle del Guadalquivir, pues en palabras de Alfonso VIII al papa Inocencio, en julio de 1212, era Baeza , junto a Ubeda, Córdoba y Sevilla, una de las cuatro ciudades más importantes de la Depresión.

La ciudad mantuvo su posición en las primeras décadas de la conquista cristiana convertida en cabeza de reino y obispado de su nombre; ella fue en efecto, sede de las más destacadas autoridades civiles del Alto Guadalquivir y en ella residieron capitanes y reyes camino de la Conquista de Andalucía, y dentro de su núcleo urbano se restauró la sede episcopal que desde la época visigoda se mantenía como sufragénea de Toledo.

Conquistada Jaén, le arrebata en 1248 por deseos de Fernando III la doble capitalidad. A partir de este acontecimiento, el signo de la historia evolucionaría a favor de Jaén y en perjuicio de Baeza, principalmente por contar con mejor situación estratégica frente al recién creado reino de Granada.

Baeza con su título de “la noble Ciudad de Baeza” ampliado en 1467 con los honrosos términos de “la muy noble e muy leal e antigua Ciudad de Baeza”, ya no volvería a revalidar su primitivo papel oficial de capitalidad que de forma definitiva acapará Jaén, lo que no fue obstáculo sin embargo a que Baeza tuviera mayor peso económico e influencia política hasta el siglo XVI.

Los términos de la ciudad experimentaron un largo y complejo proceso de formación tras la concesión inicial hecha por Fernando III. A partir de este momento, la Corona realizó importantes donaciones de aldeas a favor de Baeza, de las que son ejemplo los castillos de Vilches, Baños y la Torre de Estivel, donados en 1243, y los castillos de Huelma, Belmez, Chincoya y Ablir, que aún no habían sido conquistados y que en realidad no llegaron a formar parte de sus términos.

Paralela a esta decisión tomada por la Corona, fue dotar a Baeza de Concejo, el cual disponía de cierta autonomía jurisdiccional que modificó la superficie de sus dominios, adquiriendo nuevos términos o enajenando parte de los que tenía bajo su jurisdicción.

Fuera de estas modificaciones sólo quedan documentados, los fracasados intentos de repoblar cerca del Puerto del Muradal (Despeñaperros) en 1457.

Baeza disponía de amplios términos en los que se hallaban, huertas, plantaciones de almendros, vides y olivos, tierras de cereal, montes y encinares, base fundamental de la notable situación económica de la que gozaba.



El viñedo y olivar cultivado en parcelas de pequeña extensión, tenían capacidad para abastecer con sus productos no sólo el consumo de la ciudad y de las aldeas de su término, sino que también exportó vino a Jaén y aceite a la comarca de Segura.

El olivar, sin embargo, además de estar muy lejos del monocultivo actual que conocemos, recibió duros golpes, sobre todo a partir de la mitad del siglo XV a causa del cultivo del zumaque, planta industrial más rentable en aquella época, dando lugar, al arranque de muchas plantas de olivos según nos quedó reflejado en las ordenanzas municipales.

Arbol Zumaque

Especias: Zumaque



Sin embargo, el cultivo que mayor extensión tuvo y de mayor relevancia económica fue el cereal.

Ocuparon buena parte de Sierra Morena, amplios espacios de la loma y algunos enclaves del sector montañoso subbético.

En función de su distinto régimen de aprovechamiento se establecieron varias categorías jurídicas:

1.- DEHESAS COMUNALES O DE CAUDAL, destinadas al uso exclusivo de los ganados de la ciudad o de una determinada aldea, tales como la dehesa de Arquillos, los Cuellos y la “Manza de Guadalquivir”, la dehesa de Torre Marín Malo en Sierra Morena, y la dehesa de Baños.

2.- DEHESAS DEDICADAS AL MANTENIMIENTO DE LOS GANADOS PROPIOS DE LOS CARNICEROS, como fueron la dehesa del Carrascal y la Dehesa Nueva.

3.- DEHESAS MIXTAS, usadas por los vecinos de la ciudad y de sus aldeas en régimen de explotación simultánea cerealista-ganadera; de este tipo era la dehesa cercana a los muros de la Ciudad de Baeza y la dehesa de Arroyovil (limítrofe de los términos de Jaén).

4.- La utilización de los restantes montes y baldíos, no acotados, aprovechados en régimen comunal para la cría de ganado, colmenas, madera y carbón.

La gran extensión de los términos de Baeza, y del contacto con otras destacadas ciudades del Reino de Jaén exigió como remedio a los frecuentes conflictos de territorialidad a la constitución de las Comunidades de Pastos con Jaén y Ubeda.

Aparte de las tensiones y conflictos indicados, Baeza debió hacer frente a numerosos frentes y motines causados por las frecuentes tentativas de usurpación de sus términos, al menos desde comienzos del siglo XIV.

Ya en 1329 el Concejo de Baeza se quejaba ante la Corona de que los poderosos le arebataban parte de sus territorios que convertían en dehesas o construían sobre ellos torres y fortalezas.

Esta tendencia proliferó y tuvo que interceder el rey Enrique IV para tratar de evitarlo. Nos consta que en 1455 escribe a Miguel Lucas de Iranzo, corregidor de Baeza, urgiéndole ordenar las correspondientes sentencias “contra ciertos caballeros e escuderos e otras personas vecinos e moradores de esta cibdad de Baeca e su tierra e otros qualesquier, sobre razón de ciertos lugares míos e de la dicha mi cibdad, e de los prados e montes e defensas e términos e bebederos de ellos que le estaban e están entrados o tomados e ocupados injusta e non debidamente non aviendo título nin razón porque lo facer”.

Aún así las usurpaciones siguieron realizándose pese a las condenaciones de la Corona y todavía en 1489 debía ordenar ésta la devolución de “términos e montes e prados e pastos e corrales e casas e otras cosas….”. También tenemos referencia del año 1497, donde el infante don Juan el cual recibía quejas de la Ciudad de Baeza.

El caso mas espectacular fue el mantenido con los vecinos de Bailen. Un largo pleito acompañado de escalosas y sangrientas confrontaciones.






Fuentes:


La ciudad de Baeza a través de sus Ordenanzas. Autor Carmen Argente del Castillo y José Rodríguez Molina (Colegio Universitario de Jaén)

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