miércoles, 7 de diciembre de 2016

UN BAEZANO, MANUEL DE BENAVIDES Y LA CONQUISTA DE MELILLA







La conquista de Granada por los Reyes Católicos es uno de los grandes acontecimientos que forman parte de nuestra historia.

Arrojados los árabes al otro lado del Estrecho, después de siete siglos de continuas y sangrientas luchas, España tuvo una época sin contiendas bélicas por lo que la población gozó de cierta tranquilidad.

Los Reyes Católicos se dedicaron a reconstruir un país devastado por la guerra y afianzar el poderío de la corona, no sin tener un ojo puesto en el avance de los turcos por el mediterráneo, para lo cual reforzó sus fronteras con las costas de África.




Regían los destinos de España, al final del decimoquinto siglo, D. Fernando V y su esposa Dña. Isabel. En su penosa y árdua tarea eran secundados con los luminosos y acertados consejos del cardenal arzobispo de Toledo Don Francisco Jiménez de Cisneros, hombre docto y eminente por más de un concepto, dotado de un exquisito tacto y prudente energía para llevar a cabo resoluciones adoptadas tras un maduro y reflexivo examen; cualidades que, unidas a una vasta instrucción, favorecida por un notable desarrollo intelectual y un amor apasionado por engrandecer su patria. Esto lo llevó a ocupar uno de los más distinguidos y aventajados puestos entre los grandes hombres de la historia de España.






Su pensamiento de la conquista de África le llevó en mas de una ocasión proponerle a los Reyes su ocupación e incluso llevó a cabo alguna intrusión en aquel continente para ver si sería  posible llevar a efecto sus pretensiones de conquista.

Uno de los primeros ejemplos lo encontramos cuando envió a  Lorenzo de Padilla en 1492, el cual partió solo y disfrazado. Este estuvo en aquel continente por más de un año recabando información del enemigo y trascurrido aquel tiempo, regresó a España, rico de preciosas y abundantes noticias, que trasmitió inmediatamente a los reyes.

Las graves complicaciones que surgieron por entonces en nuestras relaciones con varios estados de Europa aplazaron durante cuatro años este proyecto, hasta que un incidente inesperado hizo inclinar la balanza a favor de la reconquista de África.


Presentóse al duque de Medina-Sidonia un moro llamado Mehemet-Bilhá, procedente de África, el cual le informó sobre la facilidad con que podría ser conquistada una ciudad edificada sobre la costa del reino de Fez, cuyo nombre era Melilla.

Recibida la noticia, dispuso un previo y sigiloso reconocimiento, que encomendó al artillero Ramiro Lopez de Madrid, con el fin de conocer con exactitud la información recibida por el moro.

Tras verificar dicha información y contando con el beneplácito de los reyes, el mismo duque de Medina Sidonia encabezó un ejército de doscientas lanzas, tres mil peones y numeroso tren de artillería, junto a diez carabelas y otras siete naves. (5 de septiembre de 1496) partiendo desde Gibraltar.




Llegó sin contratiempo al siguiente día a las inmediaciones de Melilla, (aunque otros historiadores fijan la fecha del desembarco entre el 17 al 18 de septiembre) tomando inmediatamente tierra y pasando a ocupar la plaza, que se encontró abandonada.

La celeridad y el secreto mantenido para desempeñar esta empresa fueron claves para pillar a los moros totalmente desprevenidos.

A toda prisa comenzaron a construir una fortificación provisional, consistente en un entramado de madera.

Cuando los musulmanes se dieron cuenta de lo ocurrido, trataron de reaccionar pero era demasiado tarde; con la piedra procedente de los antiguos muros desmantelados y los materiales traídos en los buques, los españoles estaban levantando muros y se hallaban en condiciones de repeler cualquier ataque.

De este modo, Melilla pasó a incorporarse a la Corona de España.





En noviembre de 1497 se produjo un ataque musulmán, que fue rechazado con facilidad; para evitar que los españoles ampliaran su cabeza de puente, fue establecida una línea de fortificaciones, que tenía su centro en Cazaza.





Sostenerse en Melilla era sumamente costoso: la ciudadela carecía de territorio agrícola y las posibilidades mercantiles eran nulas.

En definitiva, se calculaba que los gastos necesarios para esta guarnición pasaría de los cuatro millones de maravedís, de los cuales Fernando e Isabel se comprometieron a pagar la mitad y la otra mitad el Duque.

Destinaron para el mando de las tropas de guarnición al capitán general don  Manuel de Benavides, un experimentado capitán que embarcó en Almuñecar en la primavera de 1498, con cien lanzas, cien espingarderos y cuatrocientos peones, en relevo de las fuerzas que allí dejara el Duque.







Así nació una nueva frontera. Desde entonces hasta el día de hoy, Melilla ha sido, ininterrumpidamente, una ciudad española.



Fuentes:







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